Blog de Nacho Rivas

Por si le sirve a alguien

El esfuerzo de la tarea, o cómo crear desinterés en el alumnado

Mi amigo bloguero José Martín ha compartido su último post, con un tema de interés: ¿Deben ser gratificantes las tareas escolares? Comparto sin duda sus planteamientos sobre un tema con el que hace años nos viene castigando la derecha pedagógica, pero también parte de la izquierda neoliberal (perdón por la expresión). La LOMCE, de hecho, sigue insistiendo en este mismo tema y parece una muletilla cada vez que se habla de educación. Lo peor es que buena parte del magisterio lo tiene incorporado a su conocimiento y práctica profesional. Copio el comentario que yo mismo le he hecho a José en su blog, que resume algo de lo que pienso sobre el tema, sobre el que, sin duda, volveremos reiteradamente.

los trabajos de Hércules

los trabajos de Hércules

Acertado el planteamiento del post, sin duda. Ahora bien, mi planteamiento es, ¿por qué hay que poner el énfasis en el esfuerzo? ¿lo importante es el esfuerzo que requiere hacer una tarea o el resultado de la tarea misma? O aún más, el intento de la tarea. Es importante cuestionarnos este tema, ya que el discurso neoliberal (LOMCE incluida) parece que pone toda la relevancia en el esfuerzo por si mismo, lo cual tiene mucho que ver con la moral cristiana, calvinistas y protestantes incluidos, donde no importa para qué, sino que lo relevante es el sacrificio, el sufrimiento… Rememorar el sacrificio sobre el que se estructura toda la religión. El planteamiento es el mismo. El esfuerzo te salva, da igual para que lo hayas empleado, de qué te haya servido, en qué te ha mejorado o en qué ha mejorado la sociedad. Es una cuestión de salvación individual. Y pedagógicamente estaríamos ante un mero activismo. La acción por la acción misma. Y eso sólo produce desasosiego, malestar y frustración. El ejemplo de la niña y el pan es relevante. Pero cuando el niño está implicado en la tarea, porque entra en su mundo de intereses, no hay esfuerzo que valga, ni tiempo para dedicarle. A veces con un considerable esfuerzo físico o mental. El ejemplo de los deportistas es claro. No importa ni el dolor que se siente con el esfuerzo que se hace: la actividad es importante (por las razones que sean). En educación lo relevante es que la actividad que el niño o la niña hace sea importante para él o para ella. Obviamente, no por la actividad misma, sino porque lo que se obtiene, o lo que se pueda obtener, con la actividad es importante.
Creo que este es uno de los fracasos de la educación actual: todo se focaliza sobre la actividad, y no sobre el sujeto. Por tanto hay que buscar interesar al niño o la niña en a actividad. Lo que yo llamo la falacia de la motivación. Y está claro que el interés no viene por ahí.

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4 pensamientos en “El esfuerzo de la tarea, o cómo crear desinterés en el alumnado

  1. Resulta desalentador, pero la mayoría de nuestros comportamientos buscan conseguir un premio o evitar un castigo; es decir, están movidos por el interés o por el miedo. Y en esto se basan todos los sistemas de entrenamiento y adoctrinamiento, incluida la enseñanza: en producir placer o dolor manejando la fuerza o manipulando las emociones. Es una forma de condicionamiento que alterna entre el golpe y la caricia, la alabanza y el desprecio, la promesa y la amenaza. Así es como se acostumbra a las personas a obedecer y a buscar la aprobación.

    Lamentablemente, cuando se intenta prescindir de estas prácticas, confiando en la responsabilidad y el buen criterio de las personas, los resultados no son los esperados, sino que tienden a dar la razón a aquellos que justifican su necesidad. Sin instrucciones, sin la tensión que provocan el palo y la zanahoria parece que nuestros comportamientos tienden a relajarse, parece que el cuidado, la atención y el esfuerzo que se ponen en una tarea son inferiores a los empleados cuando hay una amenaza o una recompensa. Lo cual es lógico, porque para prescindir de los premios y los castigos se necesitaría otro tipo de educación.

    Si queremos motivar sin alabar en exceso, basta con evitar la indiferencia; y de paso evitaremos muchos comportamientos disruptivos, que no dejan de ser una llamada de atención. Si queremos implicar a cada uno en el progreso de los otros, propongamos objetivos comunes y enseñemos a cooperar para conseguirlos. En cuanto a la recompensa por el trabajo bien hecho, muchas veces consiste en la sensación que acompaña a la acción misma. Más que de premiar los resultados, se trata de apoyar en los procesos.

    Porque el premio consiste en aprender, en sentir que se ha producido un cambio, una transformación que nos ha enriquecido, que ha expandido nuestro universo, que ahora tiene más color, más sonidos, más ideas y más formas que le otorgan otro sentido. Y el castigo no es otra cosa que pararse, que dejar de investigar, que sentirse excluido de un mundo que siempre está por construir.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/la-carita-triste-y-la-carita-alegre

    • Uno de los problemas, a mi modo de ver, es que la escuela ha simplificado el sentido del aprendizaje humano, y lo ha reducido a un proceso mecánico: Tarea implica aprendizaje. Pero el ser humano está aprendiendo desde el momento en que nace. En la medida en que está buscando sentido al mundo en el que vive y a su experiencia. Y la escuela ha creado un sistema aparte, alejado de la experiencia del ser humano y de su necesidad de encontrar sentido a su estar en el mundo. Esta artificialidad del aprendizaje y de la educación es lo que deberíamos romper porque justamente, como dice bien Enrique, es lo que nos somete y nos controla, pero no nos mejora.

      • Nacho, pienso que ahí estás dando en uno de los temas fundamentales: el cambio de paradigma en cómo entendemos la educación hacia un modelo utilitarista (la educación como un medio), directamente relacionado con el mercado laboral y la economía. Los procesos y las relaciones humanas son irrelevantes.

        El informe PISA no tiene variables midiendo el compañerismo, los valores que se promueven o la calidad de las relaciones humanas de los sistemas educativos. Evidentemente todo eso es más difícil de medir cuantitativamente, pero parece que en algún momento algo chasqueó, el centro de gravedad cambió, y ahora estamos en una situación donde no es que midamos aquello que valoramos en la educación (lo que sería más o menos razonable), sino que hemos cabado valorando en educación solamente aquellas cosas que podemos cuantificar.

        Quizá las ciencias de la educación (o las humanidades en general) haya fallado en articular una respuesta sólida a ese discurso, y pareciera que hoy en día simplemente se limita a patalear en el aire como una tortuga vuelta boca-abajo.

        Pero, al caso: el discurso dominante nos dice que ahora que podemos medir y evaluar los sistemas educativos con instrumentos avanzados y objetivos (sic), los criterios de eficacia y efectividad también hay que aplicarlos a las escuelas y a los profesionales de la enseñanza. Esfuerzo. Productividad. Excelencia. Sacrificando todo aquello que sea dispensable y que baje el rendimiento (necesidades especiales, diversidad, educación en valores, ciudadanía activa, …).

        Ciencia aplicada at its best. ¿Procesos? ¿Sujetos? Lo único que importa es que los niños se formen bien, aprendan a trabajar, y, se preparen para el mundo laboral… que, como todos sabemos, no se trata de otra cosa salvo de mucho esfuerzo y sacrificio, y su objeto no es otro salvo maximizar la productividad a todo coste

        ¿Justicia social? ¿Dignidad? ¿Relaciones humanas éticas? ¿Impacto ambiental?

        ¡Más madera!

  2. Puede ser que uno de los problemas haya sido justamente ese, intentar convertir la educación en “ciencias”, sobre todo entendiendo la ciencia como se entiende desde los ámbitos del poder y de la gestión. Con todo ello lo que nos dejan es una educación gerencialista, sólo preocupa por el cumplimiento y sin ningún contenido moral, social o político. Algo que, está claro, está totalmente fuera de la realidad. Pero insisten en seguir creando su fantasía de objetividad, de calidad y de mérito. Allá ellos, pero en este caso, allá todos nosotros.

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