Blog de Nacho Rivas

Por si le sirve a alguien

las dichosas tareas para casa…

Legalmente parece que no es posible mandar tareas para casa en las escuelas, al menos según afirman todos los docentes, pero en la práctica no hay niña ni niño que diariamente no tenga que dedicar alguna hora (o varias) a “completar las actividades que no le dio tiempo a acabar en clase”. Parece que 5 horas diarias no son suficientes para todos (o la gran mayoría) del alumnado de las escuelas españolas, para cumplir con las exigencias escolares. Es como si en los trabajos que realizamos los adultos, las 8 horas de trabajo no fueran suficientes y tuviéramos que llevarnos el trabajo a casa o hacer horas extra para completar la actividad de una jornada. Esto toda la vida se ha llamado trabajar a destajo, muy criticado por los movimientos sindicales, los trabajadores, las organizaciones internacionales, etc. por considerarse cercano a la esclavitud. Lo peor es que no son pocos los padres y las madres que reclaman más tareas escolares para los niños, para que ocupen sus tardes aplicadamente rellenando fichas o completando cuadernos.

Sin ánimo de entrar ahora a analizar el contenido de las tareas escolares, considero que hay algo desmesurado en el principio de que los niños y las niñas tienen que prolongar su jornada escolar por las tardes para poder cumplir adecuadamente con las exigencias curriculares. Sin duda hay algunas tareas que pueden ser relevantes e incluso necesarias. Por ejemplo, cuando requieren buscar información de la familia, reconstruir historias comunitarias, etc. Esto es, aquellas tareas que implican un acercamiento de la realidad familiar o del entorno al aprendizaje escolar. Pero esto no sucede todos los días ni en todo momento.220px-Punishment_sisyph

Desde todos los ámbitos especializados en el desarrollo de los niños y niñas se habla de la necesidad del juego espontáneo, de tiempo libre, de la lectura por placer, de actividades deportivas o artísticas, que necesariamente tienen que hacerse por las tardes. No cabe duda de que los padres y madres también abusamos de esta formación complementaria convirtiendo las tardes en auténticos rallies por los diferentes centros de actividad infantil y juvenil: centros deportivos, academias, conservatorios, … Pero esto no justifica que la escuela contribuya con más presión añadiendo actividad extra, que prolonga la jornada escolar más allá de las cinco horas establecidas.

Hay razones de peso con las que creo poder argumentar mi planteamiento:

  • Por un lado, como acabo de comentar, representa un modelo productivo atacado y criticado desde los derechos de los trabajadores, internacionalmente reconocidos. La “jornada” escolar es aquella que se desarrolla en el horario escolar.
  • Por otro lado, representa un modelo educativo caracterizado por la tarea repetitiva, el ejercicio individual como matriz del aprendizaje (diferente a la actividad colectiva, cooperativa y participativa en la que debe basarse la tarea escolar)
  • Supone un factor de segregación y discriminación, en la medida en que depende de la disponibilidad y capacidad de las familias para ayudar a los niños y niñas en estas tareas. No garantiza la equidad que haya familias que dispongan de profesores particulares que ayuden en estas tareas, mientras otras apenas cuentan con un bolígrafo en la casa, o no cuentan con los estudios adecuados.
  • El desarrollo infantil requiere del juego, de la convivencia, del encuentro entre pares, de tiempo libre, de actividad espontánea… No solo los fines de semana (si es que no hay tareas extras) sino durante toda la semana.
  • Por último, y sin ánimo de ser muy ácido, este escenario dice muy poco de un sistema escolar que no es capaz de organizar un currículum para funcionar en el horario escolar y que utiliza a las familias como “profesorado de apoyo”. La colaboración de las familias en la educación escolar implica diálogo, participación, actividades conjuntas, acciones compartidas, apoyo mutuo,… Lo que no significa en ningún caso es delegación de la responsabilidad de la enseñanza, que al final es en lo que se convierten las tareas escolares, en muchos casos.

Llamo a la comunidad educativa a una reflexión conjunta sobre este tema, que no deja de ser sino un ejemplo más del auge de la ideología ultraconservadora en educación, en este caso sostenida tanto por familias como por profesorado. Transcribo para ello unos párrafos autobiográficos del último libro de Paul Auster, “Informe del interior“, que reflejan a mi modo de ver, este escenario que describo:

th“Lo mejor de la escuela elemental a la que asististe, que duró desde el jardín de infancia al término del sexto de primaria, fue que no tenías deberes para hacer en casa. Los directores escolares que componían el consejo de educación municipal era seguidores de John Dewey, el filósofo que había cambiado los métodos de enseñanza norteamericanos con su enfoque humano y progresista sobre el desarrollo de la infancia, y tú fuiste beneficiario de la sabiduría de Dewey, un niño que podía correr libremente desde el momento en el que sonaba el último timbrazo y el colegio terminaba por aquel día, libre de jugar con tus amigos, de ir a casa uy ponerte a leer, de no hacer nada. Estás inmensamente agradecido a aquellos caballeros descosidos por dejar intacta tu niñez, por no cargarte de trabajo innecesario, por tener la inteligencia de comprender que los niños no pueden dar mucho de sí, y hay que dejarles un poco en paz. Demostraron que otoño lo que se necesita aprender puede hacerse en los confines de la escuela, porque tus compañeros y tú recibisteis una buena educación rimaría con ese sistema, no siempre con los profesores más imaginativos, quizá, pero competentes en cualquier caso, y fueron quienes te inculcaron la lectura, la escritura y la aritmética con resultados indelebles, y cuando piensas en tus dos hijos, que crecieron en una época de confusión y angustia en materia de pedagogía, recuerdas cómo estaban sometidos a la obligación, absolutamente insoportable, de hacer tedioso deberes noche tras noche, necesitando a menudo la ayuda de sus padres para acabar la tarea, y año tras año, cuando veías cómo empezaban a derrumbarse, a cerrárseles los ojos, sentías compasión por ellos, te entristecía el hecho de que desperdiciaran tantas horas de sus jóvenes vidas al servicio de una idea en bancarrota.” (pág. 28)

Sin duda la felicidad es el mejor motor para el aprendizaje infantil. Ojalá entendamos esto en las escuelas.

(Escribo estas líneas mientras me peleo con mis hijos, en un día como hoy, domingo, para que cumplan con sus tareas escolares)

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11 pensamientos en “las dichosas tareas para casa…

  1. Junto con “tengo que hacer la compra o la cena”, “tengo que pasear al perro”, “tengo que hacer la declaración de la Renta”, “tengo que llamar a mi madre”, “tengo que colocar mi habitación” y otros similares, el “tengo que hacer los deberes” es un componente más de esa retahíla de tareas, intenciones y responsabilidades no cumplidas que ocupa buena parte de nuestro pensamiento.

    Un peso, en definitiva. Un ruido que nos acompaña toda la vida, en el que se mezcla lo que uno debe hacer, sin que haga falta que se lo digan, con las obligaciones que a uno le imponen; de modo que vivimos en una confusión en la que resulta difícil distinguir cuáles de estas deudas son propias e intransferibles y cuáles son ajenas. Y gran parte de la dificultad reside en que la exigencia de comportamientos que espontáneamente no tendríamos forma parte, ya desde sus inicios, del proceso educativo.

    Porque la educación tiene mucho de condicionamiento, de conseguir que, ante ciertos estímulos, otros actúen o piensen de una determinada manera. Y ello incluye el convencimiento de que estos comportamientos se nos demandan por nuestro bien, o por el bien común, cuando muchos de ellos responden a los intereses de otros.
    http://www.otraspoliticas.com/educacion/los-deberes

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    • Por nuestro bien es algo así como el interés nacional, el bien público o la defensa nacional. Es la excusa para legitimar el dominio de unos sobre otros. Contra más absurda sea la tarea más fuerza coactiva tiene

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    • Ana Belén Martínez en dijo:

      Pues yo no comparto todas estas razones y sí digo que hay que hacer tareas en casa.
      1. De las supuestas 5h de trabajo, restale un mínimo de 30min de recreo, unos 10 minutos por clase para empezar las mismas y hacer pequeñas rutinas (5×10=50) y eso que no haya conflictos que resolver, o se hayan planificado actividades lúdicas para conmemorar algún día especial, no haya un cumpleaños de un niño al que se le canta y se le hace un dibujo de regalo, no se vea algún corto o trozo de película para luego trabajarlo, etc. Por tanto, como muuuucho tienen de clase real 3h y 40 min.

      2. Hay que tener en cuenta que los niños aprenden sobre todo por repetición, de ahí la importancia de los hábitos. Tb por observación.

      3. Tb hay que conocer la curva de recuerdo/memoria y olvido, donde se indica que al pasar 20minutos recordamos el 60% de lo visto-escuchado, y a las 2horas alredodor del 40% o menos. De ahí la importancia del repaso diario.

      4. Los deberes son una de las formas (no la única, claro) de crear responsabilidades, de ayudarles a organizarse y ser ordenados, etc. Es un ejercicio de madurez, es una forma de avanzar y de dar sentido a lo que se hace en el colegio dándole una continuidad.

      5. Se dice en el artículo que en la edad infantil hay que jugar y disfrutar del tiempo libre…Pero es que en la etapa de infantil se mandan tareas a diario que impliquen horas de trabajo por la tarde? No, a lo sumo una fichita para pintar, repasar o escribir…algo que no supone ni 30min de trabajo…eso si se manda algo para casa ( o al menos así lo he vivido yo).

      6. Las familias, como dice el artículo, no se utiliza como profe de apoyo…vaya barbaridad. Hacen su tarea como educador que tb es, sirven de modelo para el niño y de ayuda, fortalece el lazo entre ellos ( eso depende tb de cómo los padres lo hagan con su hijo) y nadie fice que todos los padres deban trabar con los niños. De hecho hay que dejarles hacer solos, sin miedo a que se equivoque, porque lo que ocurre es que los padres les ayudan para que lo lleven perfecto al colegio y ese no es el objetivo.

      7. Si leyeses el currículum verías que es amplio y completo, por lo que no, no siempre da tiempo pero mas que nada porque se intenta hacer las clases amenas (vídeos, canciones, experimentos, charlas de padres y expertos externos, murales, dramatizaciones, exposiciones orales, intercambios de alumnos, talleres, etc), además de salidas educativas a ver obras de teatro, visitar parques naturales, monumentos o museos, celebraciones especiales como Navidad, día de la Paz, día de la Amistad, día del Agua, día del árbol, Semana Santa, etc., las sesiones de evaluación…Y resulta que el tiempo es finito, y que esas poco más de 3h y media reales no se pueden estirar tanto como quisiéramos.

      Y podría seguir con 20 razones más para dar crédito a las tareas para casa, pero veo que con estas se ilustra perfectamente. Al igual que un deportista cuando entrena, realiza sesiones de gym fuera del horario de entrenamiento grupal oficial, o ejercicios extra para mejorar aspectos que domina menos, la labor de estudiante debe reforzarse fuera del centro (o ampliarse…también hay niños a los que les gusta estudiar ) para mejorar sus capacidades y habilidades de cara a tener buenos resultados y conseguir éxitos que les haga sentir útiles, válidos, orgullosos de su trabajo y fortalezca su autoestima académica y de logro.

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      • Ana Belén, en primer lugar gracias por compartir tus pensamientos y tus criterios. Es importante saber argumentar y tener elementos con los que mejorar nuestro pensamiento y nuestros puntos de vista. Aún así, me vas a permitir que discrepe profundamente de lo que planteas. No voy a repetir los argumentos que ya están en el post que estamos comentando, pero voy a añadir algunas cuestiones que me preocupan.
        La primera es que las tareas no es el problema sino uno de los síntomas de la situación que está viviendo la educación en los tiempos actuales, que es realmente lo preocupante. Y esta, para mi, no es otra que una vuelta de tuerca neoconservadora espeluznante y una intensificación de las posiciones tecnocráticas, caracterizadas por un exceso de regulación, de normatividad y de credencialismo. Lo cual, bajo mi punto de vista, se sitúa en las antípodas de lo que sería un planteamiento realmente educativo que atiende, en primer lugar al niño y a la niña y a su necesidad de comprender el mundo en el que vive. Para esto no hay un currículum prescrito, sino que hay experiencia social, cultural, política, económica, etc. y relaciones sociales y comunitarias. Poner el peso en el currículum por encima de los niños y niñas es negarles su lugar de aprendices y de sujetos de su propio aprendizaje y poner la fuerza en la repetición de contenidos establecidos.
        No se en qué época estudiaste y, por lo tanto, qué momento político – educativo viviste, pero lo que planteas creo que entraría dentro de este exceso tecnocrático y regulador que critico. No es cuestión de anular el currículum sino darle sentido en función de la experiencia del alumnado. No es un problema de terminar los temas, sino de buscar que el alumnado encuentre el sentido del mundo que le rodea y sea capaz de actuar en él de una forma crítica, solidaria y transformadora. Lo demás no son más que formas de control de un sistema más preocupado por lo formal que por el contenido; más preocupado por cumplir que por comprender; más preocupado por la homogeneidad que por la diferencia.
        No puedo aceptar que el aprendizaje se base en la repetición, sino en la comprensión y en la significativad. Los contenidos relevantes no necesitan repetirse mecánicamente, sino que son aprendidos porque están aportando algo a los sujetos. El esfuerzo vendrá como consecuencia de que hay algo que merezca la pena, sino no deja de ser sino una forma de domesticación. El esfuerzo por el esfuerzo mismo es un absurdo antropológico que no ha conducido nada más que a la dominación de unos sobre los otros. Lo cual dista mucho de ser educativo. Lo que tiene sentido para el sujeto, no necesita contar las horas, sino que ocupa el tiempo y el espacio que uno necesita. Si hay que obligar, es que no es relevante.
        Por último, me preocupa que no contemples el factor segregador que tienen las tareas, al cual me refiero en mi post. Debería hacernos pensar. Si la escuela no es compensadora de las diferencias, pocas institucionales sociales hay que sean capaces de hacerlo. Y esto, bajo mi punto de vista, por sí mismo, es suficiente. Son pocos los países de nuestro entorno que obligan a prolongar la jornada escolar al alumnado, en primaria, más allá del horario.
        Gracias de nuevo por tus comentarios.

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  2. si, comparto la idea, visibilizar otras posibilidades, en un sistema escolar como el chileno envuelto en un lenguaje empresarial que no es el nuestro…
    como siempre ,inspiradoras reflexiones, un abrazo !

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    • Gracias Patricia. El problema no es local, sino del sistema educativa en general. Auster habla de la realidad norteamericana. Tu planteas la chilena, y yo hablo de la española. Básicamente son coincidentes. Luego el conflicto es global.

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  3. Muy buen post Nacho y totalmente de acuerdo. El tema de las tareas escolares es imperdonable. Aún recuerdo cuando trabajaba por las tardes en un colegio de Málaga haciendo actividades extraescolares y veía a los mismos niños y niñas estar de 7 de la mañana a 6 de la tarde en el colegio y pensaba ¿Cuando tienen tiempo estos niños-as de ser niños-as?
    Después de pasar todo el día y la tarde en el colegio, al llegar a casa: tareas. ¿y el tiempo para jugar? ¿el tiempo para estar con su familia? ¿el tiempo para estar en la calle con otros niños-as?…
    Un total despropósito…

    Comparto el artículo 😉

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    • Gracias Manolo. Este es uno de los temas en los que vamos hacia atrás como en tantos otros. Hace unos años era bastante claro para todos los MRPs, por ejemplo, que las tareas no eran una buena idea, y ahora es raro el o la profe que no lo justifica. Terreno conquistado y de nuevo colonizado, como tantos otros. Hay que hacer una profunda reforma ideológica de la educación, antes que cualquier otra cosa.

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  4. Mi amigo y compañero Miguel Pérez Ferra, de la Universidad de Jaén, me ha enviado la siguiente reflexión sobre este tema, que tengo el gusto de compartir:

    Estoy de acuerdo con Ignacio en el controvertido tema de los deberes. si
    reflexionamos sobre la cuestión comprobamos que los niños y niñas están ya
    en los centros cinco horas diarias. Evidentemente, en ese tiempo se pueden
    hacer muchas cosas. No solo actividades orientadas al resultado, sino
    también desarrollar procedimientos: estudio dirigido, libro-forum,
    actividades de resolución de problemas, entre otras. Si consideramos los
    deberes como actividades de refuerzo, en realidad, no lo son. Si son de
    sobrecarga de las tareas cotidianas de los alumnos. Si un alumno/a tiene
    que reforzar los logros alcanzados, para ello está previsto que renga
    actividades de refuerzo, bien en el nivel inferior o con el profesor de
    apoyo didáctico, si no lo hay, se puede utilizar el sistema de
    monitorización entre iguales, que da excelentes resultados.
    Lo cierto es que los niños y niñas de nuestros centros pasan las tardes
    inmersos con actividades extraescolares: musicales, aprendizaje de
    idiomas, deportivas, etc., y, luego, los deberes, cuando – realidad- deben
    jugar. Es necesario que los niños tengan entre sus actividades el juego,
    tan necesario para socializarse, desarrollar capacidades físicas,
    cognitivas o de interacción social.
    Pensemos si un adulto dedica al día una o dos horas extras en su trabajo
    de modo cotidiano.
    Realmente, es un tema para la reflexión, tanto de padres como de
    profesores y de expertos externos en educación. Es cierto que los
    “deberes” están permitidos. Pero no debe ser un recurso para tener a los
    niños ocupados, para ello hay otras cosas más beneficiosas y que generan
    mayores retos a la formación de los escolares”.

    Son reflexiones de mi experiencia como maestro y como padre.
    Miguel Pérez Ferra.

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  5. Ya Bernstein nos hablaba de las Pedagogías visibles e invisbles, y apuntaba:

    “El ritmo de los aprendizajes que hace falta realizar en la escuela de hoy es tan acelerado que hace falta una segunda escuela en la casa para seguirlo”

    No puedo evitar preguntarme; ¿ qué ocurre con los “invisibles”? Aquellos a los que el sistema se niega a ver, aquellos que no pueden ofrecer ni las clases de conservatorio, ni el multideporte, ni el inglés, étc. En mi caso, afortunadamente, pertenecí al grupo de los invisibles, me gusta pensar que aún pertenezco, ya que formar parte de a la invisibilidad desde un pensamiento muy crítico, me hace más fuerte contra el sistema. Recuerdo como jugaba horas y horas en la calle, como escuchaba las conversaciones de mis vecinas “Maris” haciendo la “copa de cisco” que mantenía la casa caldeada durante la tarde con mi “pan con manteca”, siempre perdía la noción del tiempo, que se trasladaba a mundos mágicos dónde montábamos nuestros circos, nuestras pintadas con tizas en el suelo, competiciones de canicas y el eterno juego de las “casitas” donde he de reconocer que siempre fuí la médica, con este ansía mia de explorarlo todo. Con mis vecinas gitanas, era la más gitana del mundo, siempre con mi pelo largo y piéndole a mi madre unos “corales”. Con los primeros niños marroquíes que llegaron a mi pueblo para la recogida de la fresa, aprendía canciones y juegos de Marruecos, hacíamos comidas en casa con las amigas polacas de mi madre del campo y
    traían sus platos típicos. ¡Me siento tan afortunada de lo que aprehendí en la calle!

    Yo no aprendí la interculturalidad porque fuera un “punto” a tratar en mi curriculum, yo viví la interculturalidad, he desarrollado habilidades que me permiten manejarme en cualquier contexto de la vida. ¿No es esta una finalidad de nuestra escuela? El prepararnos para la vida, pero ¿QUE VIDA? ¿Quién establece que estas habilidades son menos importantes que las que marca PISA? Sobre todo ante los retos del siglo XXI, todos inciertos y de altas velocidades. No protegemos a nuestros hijos cuando le negamos ver la invisibilidad, al contrario, no le permitimos desarrolar las habilidades que necesitan para crecer en los diferentes contextos. ¿Por qué no cambiamos la cultura del esfuerzo (discurso politico de la derecha que nos acusa de “vagos”, sobre todo en el caso de los andaluces) por el de la pasión por el saber, si nosotros como educadores encontramos la manera de transmitir la pasión por el saber, el esfuerzo vendrá “rodado”, los niños/as se esfuerzan en aquello que les entusiasma, el gran problema es que nada tiene que ver con lo que nosotros pretendemos que les entusiasme.

    Sandra Aparicio.

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