Blog de Nacho Rivas

Por si le sirve a alguien

Archivo para la etiqueta “huelga contra la LOMCE”

Huelga, ¿para qué?

Algunas frases y comentarios escuchados en el día de la Huelga:

  • La huelga no sirve para nada (docente)
  • Eso de la huelga es una tontería (docente)
  • Se van a perder horas de clase (mensaje de una federación de AMPAS a sus socios)
  • A mi no me afecta (estudiante)
  • Estaba mal convocada (docente)
  • Me acabo de enterar (familia)
  • La huelga no es para nosotros (familias)
  • No hay motivos para la huelga (ministro)

Podríamos seguir… Obviamente hubo muchísimos más a favor de la huelga, pero no es el caso que quiero comentar.

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Curiosamente ninguno de los comentarios que escuché a lo largo del día en los días anteriores o posteriores hacía referencia a que estaban de acuerdo con la ley actual o con el estado de la educación a día de hoy. Antes bien, los comentarios son generalmente negativos, por no decir extremadamente negativos. Entonces, ¿a cuento de qué sólo un porcentaje que yo considero exiguo de no más del 30 % del profesorado y aún menos por parte de las familias, no apoyó esta convocatoria con argumentos como los mencionados? Evidentemente estamos ante un derecho individual que cada uno ejerce como quiere, pero es preocupante la falta de criterio de la que se está haciendo gala.

En primer lugar me preocupa el desdén con el que se trata un derecho conquistado a lo largo de muchos años y muchas luchas obreras, que han costado muertes y represión, en muchos casos brutal. Si los docentes no se consideran trabajadores y no se colocan al lado de los derechos sociales, políticos y laborales, fruto de luchas históricas, convertimos la educación solo en una mera reproducción de contenidos, pero eliminamos su dimensión axiológica, política, cultural y social. Perdón, no la eliminados, sino que actuamos a favor de las posiciones hegemónicas, dominadoras y segregadoras. Además, hay una falta de respeto radical a estas conquistas y a quiénes las hicieron posible, con los que me considero en deuda. ¿Puede la educación desdeñar esta tradición y hablar impúdicamente de los derechos sociales? Entiendo que alguien decida no secundar una huelga, con razones del índole que quiera; desde personales hasta ideológicas. Está en su derecho, pero no entiendo que se posicione ante su alumnado o ante sus hijos, de este modo. Puede que alguien se sienta agredido por este comentario; pido disculpas. Pero es mi defensa contra la agresión que representa los comentarios anteriores.

Huelga

Hay otras cuestiones que me preocupan igualmente, sin entrar en el propio motivo de la convocatoria, que respaldo plenamente. Tengo la amarga sensación de que este país no entiende que la educación es la primera obligación a la que se debe atender para garantizar una sociedad más justa, más solidaria, con más progreso (económico y social). No es un problema de “los políticos” o de los docente, como profesionales del tema: es un problema de la gente, de la ciudadanía, de todas y todos. Como nación, como país, somos aquello que defendemos y por lo que estamos dispuestos a comprometernos. La educación en España está sufriendo una grave situación de abandono y desidia por parte de la mayoría de la sociedad. En 40 años de democracia, o como se llame esto en lo que estamos políticamente hablando, no hemos sido capaces de construir un sistema educativo digno, capaz de hacer sentirse orgullosos a los que participan en él y a la sociedad en general. Y en buena parte es porque no ha habido un debate real sobre la educación que queremos al margen de políticas partidistas, expertos pedagogos o agencias nacionales e internacionales. Ha habido conflictos ideológicos, pero no debate educativo y social. De una parte siguen vigentes buena parte de los dejes autoritarios de la escuela franquista; por otra, permitimos que los políticos definan lo que es o no es educativo, por tanto cedemos la educación a los intereses partidistas, ideológicos y económicos (cuando no religiosos y morales); igualmente los expertos en educación, la academia, se han enzarzado en sus propias disputas inútiles y han abandonado la arena de la escuela real, cuando no se han entregado, también impúdicamente, a la legitimación de las políticas de turno. La situación es tal que perder unas horas de clase, no representa un problema, sino seguramente una posibilidad de resolverlo.

Si todo esto no merece una huelga cívica, colectiva, general, colectiva, reivindicativa y revolucionaria (cada uno se adscriba a lo quiera), entonces es que este sistema educativo no tiene arreglo. Posiblemente esto no sea más que una muestra de la incertidumbre, la inseguridad y la apatía que se han instalado en la educación, no como una posibilidad, sino como una condición. Se ha entrado en el terreno del “todo da igual”, del “que innoven ellos”, del “aquí no se puede”, del “nosotros somos así”, del “no podemos hacer nada”, del “la administración no lo permite”, del “el presupuesto no lo permite”, del “mi jornada laboral termina a las 2”, del “los niños no vienen preparados”, del “las familias no ayudan”, del “vienen sin motivación”, del “los niños de ahora”, del “no respetan nada”, del “no se se valora el esfuerzo”, … En definitiva del “cuanto me queda para jubilarme”. Lema_College_CanadaAfortunadamente también se está jugando en el terreno del “los niños/as son lo primero” y esa es nuestra esperanza.

Respeto al que en uso de su libertad y su derecho individual entiende que el sistema educativo actual no merece una huelga; respeto a quién a partir de una reflexión seria sobre la situación no comparte esta estrategia; acepto al que “no entiende” de qué va esto por cuestiones sociales o culturales (no es el caso de los docentes). Me cuesta más aceptar al que desprecia el derecho conquistado históricamente, sin más criterio que su propio beneficio o comodidad. Lo que nos jugamos es muy serio.

Huelga educativa. La sociedad en riesgo

Me solidarizo con la huelga de estudiantes en sus reivindicaciones que son también mías. NO A LA LOMCE y NO AL 3+2. En ambos casos estamos hablando de políticas que segregan y convierten la educación en una cuestión de dinero, abandonando el valor colectivo de construcción social y de cohesión que siempre debería tener. La educación está perdiendo la condición de derecho individual y colectivo para convertirse en una mercancía con la seleccionar a los colectivos sociales de acuerdo a su capacidad financiera.
La LOMCE está rechazada en el parlamento pero sostenida por un gobierno en funciones que cada día pierde más credibilidad. Hasta sus fieles la consideran ley muerta. Pero ya se sabe, “sostenella y no enmendarla, amigo Sancho”. El 3+2 supone crear una titulación devaluada y un posgrado selectivo por cuestiones económicas. La educación universitaria también es sistema educativo, por tanto abogo por una universidad gratuita, libre, autónoma y comprometida con el cambio social y los valores de justicia, solidaridad y equidad. Las universidades europeas que tienen este modelo lo hacen desde otro escenario económico, desde la gratuidad en muchos casos, desde un modelo integrado, y desde un proyecto educativo diferente. 
La educación es un compromiso colectivo y parte esencial de la construcción de una sociedad justa y solidaria. Por tanto pidamos a los políticos que den un paso al lado y permitan que un debate público y paritario permita elaborar una propuesta viable de escuela inclusiva, diversa y democrática. Libre y pública. Pensada por, para y desde la ciudadanía. Cualquier ley debe tener un proceso público de discusión y elaboración, pero en educación esto es una exigencia moral.

Huelgas que educan y leyes que des-educan

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Hoy participamos de una nueva huelga general de enseñanza. Quizás, por el número de convocantes y organizaciones que se han sumado de una forma u otra, esta sea la más general de las huelgas que se han hecho de enseñanza. Como ya he repetido varias veces, una virtud de este ministro es concitar la unanimidad: la de todos en contra. Esto por sí mismo debería ser motivo para la retirada de la Ley y el inicio de un proceso de debate público, democrático y abierto para acordar un sistema de enseñanza que tenga ciertas garantías de estabilidad, que concite un acuerdo mayoritario y del que participen los directamente implicados en la educación (que es lo mismo que decir la sociedad entera).

Claro, que en el sistema democrático que tenemos no parece esto muy probable, ya que, por un lado, mientras un partido tenga mayoría absoluta y esto le otorgue la capacidad de obrar en solitario, seguirá haciendo política partidista, pero no política de estado ni política para la ciudadanía. Sin duda un acuerdo no es producto de mayorías, por muy amplias que sean estas mayorías. Sobre todo pensando que esta forma de hacer política no es otra que la “democracia de los borregos”. Esto es, lo que determinen los líderes del partidos, eso es lo que hay que votar sin que haya ningún grado de autonomía ni criterio propio. En este sentido los partidos políticos, en general, actúan a modo de rebaño. A mi modo de ver, ya de por sí este modo de proceder no resulta muy educativo para las generaciones más jóvenes, ya que les enseña que el criterio propio es penalizado, la discrepancia castigada y la diferencia es un delito. Si la educación es una responsabilidad colectivo, algo deberíamos pensar sobre esto.

Dos cuestiones quiero plantear como materia de reflexión en esta huelga. Una tiene que ver, justamente, con los procedimientos. La otra con el cambio de modelo profundo que significa esta ley.

En relación a los procedimientos, creo que debemos empezar a entender que un sistema educativo no es sólo un modo de regular la organización de la educación reglada. Un sistema educativo es, también, y fundamentalmente, el conjunto de procesos sociales, políticos y culturales que se ponen en juego en torno al mismo. Quiero decir: no es importante sólo qué hace el maestro o la maestra en su aula, con un currículum traducido en un libro de texto, dentro de un nivel educativo particular, que desarrolla un currículum más o menos común. Tan importante o más que esta practica reglada y regulada es el conjunto de procesos que se ponen en juego para que esto tenga efecto. En este sentido coincido con los pedagogos críticos cuando plantean que las políticas educativas son, esencialmente, políticas culturales. Y muchas cosas más.

La tramitación de esta ley y los modos que se han utilizado en su aprobación suponen, también, una educación. Está educando a nuestros jóvenes y nuestros niños y niñas a través de las prácticas sociales, culturales y políticas que están manifestando. De entrada, tal como decía más arriba, nos están educando sobre un modo de entender la democracia donde las mayorías, aunque estén aisladas socialmente, tienen suficiente autoridad como para imponerse sobre el resto de la población. Nos está enseñando que el diálogo no es necesario, si contamos con el poder suficiente que nos otorga esta mayoría. Nos enseña que los argumentos no son necesarios si tengo los votos (nuestro ministro ha dado pruebas evidentes de esta forma de proceder). Y lo peor bajo mi punto de vista, nos enseña la impunidad con la que se puede actuar cuando uno ostenta el poder, de la forma que sea, así como la indefensión que tenemos como ciudadanos ante el juego malévolo de esta “democracia de los borregos”.

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Es difícil conjuntar la educación en valores que aparentemente todos propugnan para la educación, con unas prácticas políticas y culturales que están desarrollando otros bien contrarios. En este sentido es en el que digo que la política partidista maleduca; que las prácticas parlamentarias actuales y el juego de mayorías, maleduca. ¿No es posible que nuestros políticos, con el ministro a la cabeza, no se den cuenta, o no les interese considerarlo, que la infancia y la juventud está siendo participe también de este modo de ejercer su responsabilidad pública? Muchos tuvimos que luchar contra los remanentes autoritarios de una educación franquista. De hecho seguimos haciéndolo. Nuestros hijos e hijas tendrán que luchar también por quitarse de encima las lacras de una democracia autoritaria y de la mala educación que esta representa.

La segunda cuestión que me preocupa de forma fundamental, es el cambio de modelo de sistema educativo que se está poniendo en juego con esta ley. Más allá de reválidas, currículums, asignaturas, ratios, etc. lo más grave es que en esta ley, la educación deja de ser un derecho. Posiblemente esta no sea un planteamiento exclusivamente wertiano, y ahí está lo grave. Forma parte de una tendencia de los partidos mayoritarios y del giro que desde hace años viene experimentando el sistema educativo. La educación, y especialmente la educación pública, es un derecho conquistado históricamente en el proceso de lucha de clases que vivimos desde el origen de los tiempos. Lo que en los últimos decenios ha sido un acuerdo social sobre la base de la convivencia colectiva, esta ley elimina una de las bases de este acuerdo y reedita el triunfo de la posición elitista de la educación. La famosa “educación de príncipes” que caracterizó el modelo educativo absolutista.

545252_196595603851716_1590659399_nLa educación deja de ser un derecho para convertirse en un servicio que se oferta de acuerdo a los principios de competencia que caracterizan la economía de mercado. Por tanto ya no es un valor universal, sino una posibilidad para aquellos o aquellas que tengan los medios o la “capacidad” para hacer uso del mismo. Si bien, tal como está sobradamente demostrado en la sociología de la educación, medios y “capacidad académica” suelen ser la misma cosa. Con esta premisa todo lo demás está justificado; las reválidas, la segregación, la estandarización, la precarización de la enseñanza pública, la entrada a saco de holdings educativos privados, etc. etc. No es un cambio de lenguaje, es un cambio de modelo; la imposición de un modelo. Es instaurar la ley de la selva del mercado liberal en la educación. De nuevo, hay una malaeducación que se pone de manifiesto en este modelo. Hay enseñanzas muy concretas que aparecen y que atacan los fundamentos de la construcción moral y política de las generaciones más jóvenes.

Por eso hoy hago huelga. Una huelga que justamente nos enseña todo lo contrario de lo que hasta ahora hemos visto en el proceso de esta ley. No hago huelga porque piense que el sistema actual es bueno, sino porque creo que luchar por los derechos ciudadanos, por los derechos conquistados históricamente por conseguir que la equidad, la solidaridad, la justicia y la libertad de las clase menos favorecidas, es una forma de educar. Es una forma de enseñar a mis hijos, a mi alumnado, a la sociedad, que tenemos derecho a vivir en un sistema en que cada persona sea digno de ser educado, de ser parte activa de la construcción colectiva, sin importar cual sea su condición de origen, ni su raza, ni su religión, ni su sexo o condición sexual. Hago huelga porque creo que la participación colectiva, el derecho a opinar y que nuestra opinión se tenga en cuenta, es la forma de hacer política desde principios democráticos. Porque no creo que las mayorías sean portadoras de la verdad, sino que son (deben ser) instrumentos para la mejora colectiva y no un negocio privado.

Por todo ello hay que cambiar no solo la ley, sino la forma de hacer la ley. Porque la educación es una responsabilidad colectiva en la que todas y todos tenemos la obligación de participar.

NO A LA LOMCE, WERT DIMISIÓN

 

Hoy estoy en huelga

Como padre, como educador y como ciudadano, digo NO a la LOMCE

Hoy, 9 de mayo de 2013, estoy en huelga

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Porque sobran los motivos, pero faltan las razones. Contra una Ley NO educativa

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