Blog de Nacho Rivas

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La Escuela que queremos (2)

Sigo presentando algunos trabajo de mis alumnos del grupo de 1ªB del grado de Primaria, del curso 2104-15.

 

 

 

 

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La escuela que queremos

Comparto estos vídeos hechos por los grupos de la clase de 1º B del grado de primaria de la UMA. Hay otra forma de hacer las cosas y otra forma de expresar lo que sentimos.

La escuela imaginada a ritmo de rap pitufo:

 Me gustaría que la escuela fuese más abierta,

Me gustaría que los niños allí se diviertan, 

Ojala un niño con hogar desestructurado,

                 Viese la escuela como un sitio donde esta arropado,

Y no, no solo somos cuidadores,

       Ser maestro implica transmitir unos valores,
Valores, no son 6 x 5 = 30, 

quítate la gorra entes de entrar,

   O Niño! No pegues el chicle en la puerta!

 Valores, es valorar al que lo intenta, o

 Al que tiene problemas en casa y siempre se presenta.

Segunda parte basada en la importancia de conocer el organigrama de la escuela y sus instituciones. 

De la escuela debes saber algo interesante,

Es un organigrama en evolución constante,

     Conocer su estructura es algo muy importante,

       Para que así en el futuro nadie pueda engañarte.

Tercera parte basada en la influencia de los valores de PISA, que a su vez están basados en fines económicos de la OCDE, y en conclusiones de nuestro Profe Nacho y de las cuales estamos de acuerdo, lo nombramos a el porque su apellido rima con la frase anterior que esta basada en  la cita de una frase suya.

No queremos que PISA imponga sus valores,

 No queremos ese elitismo de solo los mejores,

                        No queremos que en vez de personas se formen trabajadores,

 

          Y si tienes dudas le preguntas a Nacho Rivas Flores.

 

Cantando por un cambio radical

Lyrics:
“Cambio Radical”
No quiero perder la razón
Mirando a cada instante a mi alrededor
Sabiendo que no cambiará
Ni mejorará
Esta escuela
Tan tradicional…
Pero es que es difícil lograr
Que se produzca un cambio tan radical
¿Qué pasará? ¿Qué ocurrirá?
Se conseguirá
Una escuela pa-
ra todos igual
Y quiero cambiarlo todo y empezar de cero
Y tengo mucha ilusión y un proyecto nuevo
Espero, que con participación
Haya mejor relación
Que las pruebas sean menos
 Y practicando aprendan.
Puede que me apoyen o no
Que 3 o 4 profes me tomen por loco
Pero entonces yo les diré
Que a mi me da igual
Que quiero libertad
Y poderme expresar.
Y quiero un lugar donde se me tome en serio
Y tengo muchos recursos y años enteros
Espero que con esta formación
Mejore la educación
Que con más exámenes no puedo.

Otro modo de formar a los futuros maestros (2): Un documento de indagación con protagonistas

Subo otro vídeo – documento en el que este grupo hace un trabajo muy digno de indagación con personas implicadas en la educación. Un buen modo de aprender: escuchar, reflexionar, actuar.

 

Otro modo de formar a los futuros maestros: Musicales, informativos, teatros, …

Más allá de las cuestiones académicas, la formación del maestro debe ser un marco de opciones, donde la expresión de todo tipo, junto con la reflexión y las propuestas deben jugar a partes iguales. Desde hace dos años les proponemos a nuestro alumnado que piensen en su escuela imaginada y que lo traduzcan en una presentación de cualquier tipo que no sea un trabajo escrito. Aquí traemos una muestra de este año. Ya he compartido en este blog otras de cursos anteriores en la pestaña “cosas de clase”. Cada día nos sorprenden más. Lo que no pueden expresar en un trabajo tipo memorandum al uso, son capaces de hacerlo cuando ellos elaboran sus canales, sus contenidos y sus propuestas. Espero que valoréis el trabajo de estos grupos y otras más que vamos a ir subiendo. Nos dicen mucho de lo que este alumnado de primero de primaria piensa, siente, espera, confía, aspira, entiende, valora, desea… acerca de la educación y su futuro profesional. Lo cual es una señal de atención para todos y todas los que nos dedicamos a este oficio de formar a los futuros docentes. No es cuestión de estar de acuerdo o no con lo que nos cuentan sino que nos hagan reflexionar sobre como están viviendo su experiencia de formación.

 

Calificar siempre es injusto.

Acabo de entregar las actas de notas del este cuatrimestre. Sin duda esta es la tarea más ingrata a la que me enfrente cada año, con cada grupo y con cada alumna y alumno en particular. Esto es algo que creo que compartimos la mayoría de los docentes y que debo confesar que en estos momentos, con el marco institucional que tenemos, es algo casi irresoluble. En el mensaje que mandé a mi alumnado de pedagogía para anunciar que ya teníamos publicadas las notas para su consulta y revisión, en su caso, les decía: “un acto de calificación siempre es un acto de injusticia, por tanto pido disculpas por los agravios que estoy cometiendo”. Quizás debería decir “estamos cometiendo” ya que la autoevaluación (y la consiguiente “autocalificación”) forma parte también de este drama.

Tengo que confesar que todos los años siento un profundo malestar cuando tengo que decidir si la nota que “se merecen” es un 5, un 6 , un 8 o un 10. Algo más sencillo era cuando bastaba con el aprobado, notable y sobresaliente, pero el afán de medir parece que es más consistente, administrativamente hablando, que el afán de comprender y de conocer. Mi malestar aumenta cuando siento que la única razón que hay para establecer una escala de este tipo es la necesidad de competir en el futuro en la búsqueda cruenta por un puesto de trabajo, una beca, una oposición… Se supone que tan graduado es el que obtiene una media de un 9 que el que la obtiene de un 6. La Universidad le certifica que es un o una profesional cualificado para realizar su trabajo. Si no estaría incurriendo en prevaricación o en cohecho (los abogados y jueces decidan). Por tanto, si en ambos casos se supone la cualificación, ¿qué sentido tiene la cuantificación? Sólo se me ocurre lo ya dicho: la competición salvaje o la segregación.puesta de sol en Málaga

El problema es anterior: ¿Qué enseñamos, cómo, qué estrategias ponemos en juego, qué valores…? Si al final todo se reduce a una nota, todo el proceso anterior queda reducido exclusivamente a una condición para resolver lo otro. Por tanto el conocimiento así producido no tiene más valor que el instrumental; el servir de condición para establecer una clasificación de cualificaciones del alumnado y, por ende, de los profesionales. Qué han aprendido realmente cada alumno y cada alumna, qué conocimiento se ha producido a lo largo de los 4 meses de clase, colectiva e individualmente, qué estrategias se han puesto el juego para comprender y manejar la realidad, qué capacidad de transformar y mejorar el mundo (educativo en este caso) se ha manejado, qué valores profesionales y, sobre todo, sociales se han puesto en juego, … Con la calificación todo este conjunto de interrogantes queda relegado o, en su caso abocado a un mero ejercicio intelectual sobre el que podemos debatir en seminarios científicos o en charlas de café. No es lo mismo pero en ambos escenarios debatimos acaloradamente sobre este tema.

El problema de la calificación se resuelve de muchas maneras por los diferentes docentes. Tenemos la moda renovada de las rúbricas que vienen a salvarnos de tanta subjetividad. En otros casos, quizás la mayoría, el tema se resuelve multiplicando las pruebas “calificables” que cuentan para la nota. A menudo eso supone establecer tablas de puntuación para cada prueba (decimales incluidos) o porcentajes de cada una de las estrategias de evaluación, tal como se nos pide en las guías docentes. En definitiva, pensamos que multiplicando las pruebas mejoramos la calidad de nuestra calificación. Esta es una de las deudas que nos queda de nuestro modo de entender Bolonia, del cual ya he hablado en otros post de este blog.  Como dicen en algunos lugares de Argentina, “no por mucho pesar al chancho, engorda más rápido”. O en versión castellana, ya utilizado por mi buen amigo Manuel Fernández, “pasamos más tiempo pesando al pollo que engordándolo”.

UnknownEl conocimiento no es, ni puede ser, el resultado de un proceso de calificación constante, sino que es consecuencia de la acción, de la  experiencia y de la reflexión. No se aprende más por estar constantemente calificado, ni siquiera evaluado, sino por acceder a experiencias significativas en entornos educativamente ricos, social, cultural, emocional, moral y políticamente configurados. Si tal como nos enseña las teorías psicológicas del aprendizaje y del conocimiento, este se produce a partir de construcciones colectivas, generadas en entornos particulares, lo que debería de preocuparnos en cómo conseguimos articular propuestas educativas relevantes que sean capaces de provocar una construcción de conocimiento de acuerdo a principios científicos, pero también morales, sociales, culturales y políticos. No habrá transformación de las prácticas de formación si no afrontamos con seriedad esta dimensión.

En mi opinión, esto no es más que una cara más de las muchas que está generando la burocratización de la educación en un régimen fuertemente neoliberal y orientado hacia la mercanitilización de las relaciones sociales, las educativas entre ellas. Esta hiperergulación del trabajo docente es un modo de embrutecimiento, ya que le anula como sujeto activo de la educación; es una forma de desprofesionalización, ya que reduce su trabajo a unos resultados reduccionistas y que únicamente sirven como factor de clasificación; y todo ello, por tanto, es parte del proceso de empobrecimiento profesional del docente, en todos los niveles. A más regulación, más dependencia, por tanto menos profesionalidad. Por supuesto, esto no incide en nada en su calidad, sino todo lo contrario. Cuando el criterio de la calidad se basa en la estandarización, la educación sale por la puerta de atrás.

Universidad de SalamancaHabría que modificar los procesos de calificación, incidiendo más en la evaluación (no cuantificable, sino comprensiva). Por otro lado, tendríamos que cambiar radicalmente las estructuras de trabajo en la universidad y, por ende, de la formación que estamos desarrollando. Habría que poner más peso en el conocimiento que se produce en las aulas, y no en el que es evaluable. De este modo estaríamos más preocupados por saber qué ocurre con nuestro alumnado. Habría que hacer una apuesta clara y decidida por el trabajo relevante y situado de nuestro alumnado. Al menos, deberíamos crear procesos de reflexión sobre todos estos aspectos. Seguir con este sistema es una forma de sostener un sistema declaradamente ineficaz y caduco, o una demostración de que no tenemos ni idea de qué le pasa ni al chancho ni al pollo.

Puestos a soñar… otra escuela imaginada

PROYECTO ESTACIÓN DE LUJO

Pensar la escuela de otro modo, pensar otra forma de hacer curriculum, pensar otra forma de ser niño, ciudadano, persona… Imagina otra escuela…

Aprendiendo a ritmo de rap

Tercera entrega de las presentaciones de mis alumnos. La escuela repetitiva, aburrida y lejana, frente a un aprendizaje que parte del alumno y de sus formas de comprender y expresar su realidad.

http://www.youtube.com/watch?v=ECFU1jzB7Oc

Autoras: Alba María Molina Delgado, María Martínez Rivas, Patricia Muñoz López, Elena Recio Luque, Lucía María Rodríguez Barranco, María Rodríguez Sánchez,

La escuela imaginada en clave de teatro

Una preciosa dramatización sobre otra escuela, con otros valores y otros modos de hacer y de pensar. Esta es la segunda entrega de las presentaciones de mis alumnas de 2º de educación infantil, a las que agradezco todo lo que he aprendido con ellas. Como profesor suyo me siento orgulloso de cómo han trabajado y, sobre todo, de cómo se están preparando para hacer otra escuela el día de mañana. Saben que cuentan con mi ayuda para ello, ahora y cuando sean maestras.

Autoras:

María del Mar de Miguel Fernández, María Isabel Pérez Martín, Fernanda Rotondaro da Silveira, Cristina Sordo González

http://youtu.be/fotVQ6kJaxQ

Adjunto las fotos de los mensajes que iban impresos en el atrezzo que utilizaron en su obra y que el vídeo no deja que se vea bien.

DSC03452DSC03454DSC03456DSC03455

La escuela imaginada, en clave de cómic

En la clase de “Análisis de la Práctica Educativa” de 2º curso de Educación Infantil de la Universidad de Málaga, les propusimos la tarea de hacer una presentación sobre cómo sería su escuela imaginada. El formato era libre. La idea la hemos tomado de nuestros amigos de la Universidad del País Vasco, Jose Miguel Correa Gorospe y Estibaliz Aberasturi Apraiz.

Presento aquí la primera de ellas.

http://youtu.be/u97BZ0VswJQ

Educación y Guerra financiera

Diariamente vivimos diferentes análisis sobre la crisis y las consecuencias sobre el sistema educativo y la destrucción del Estado de Bienestar. De alguna forma esto se nos presenta como inevitable, fruto de una “crisis” financiera (que no productiva; esta es más bien la consecuencia) que obliga a realizar recortes en el sistema público para bajar la deuda del Estado. El mensaje es claro: un sistema público y gratuito es insostenible en el estado actual de la economía. Por tanto estamos entrando en una nueva etapa del capitalismo en que la sociedad entera se liberaliza a favor del mercado, como única forma de sostenerse y evitar la caída total de la civilización de la que disfrutamos. Tal como yo lo veo, sin ser experto en economía, este es el mensaje y el fondo de la cuestión. Lo cual, sin duda, es sumamente grave.
El problema está en que esta es una posición ideológica que, ni es nueva, ni es inevitable. El origen del liberalismo económico y del capitalismo ya estaba diseñado con esta finalidad y sus 250 años de historia reciente, han significado un rodeo, necesario (para ellos) para llegar a este fin. Los primeros tiempos del capitalismo moderno están marcados por fuertes conflictos sociales y por fuerzas antagónicas peleando por un lugar en este conflicto. Patronos y trabajadores, o desde el ámbito ideológico, el liberalismo – burgués, y el socialismo (en sus diferentes versiones), en una lucha de posición para establecer acuerdos sobre los que sustentar el nuevo sistema económico y social. El estado moderno sirvió de parapeto para sostener estos conflictos y establecer marcos más o menos consensuados sobre los que sostener la situación. Soy consciente de la reducción que estoy haciendo de un análisis sin duda mucho más complejo y con muchas aristas.
En este escenario surgen dos grandes focos que capitalizan, por decirlo así, las dos caras visibles de la cuestión. Por un lado, la vieja Europa, con un proceso histórico complejo y convulso. Por otro, los Estados Unidos de América, fundado sobre las bases del propio liberalismo y como un estado nuevo en todos los sentidos. De hecho, eliminan la sociedad existente en el territorio ocupado para construir una nueva sociedad sobre estos principios. Las diferencias entre un lado y otro del charco son evidentes. Los distintos avatares históricos y bélicos que han atravesado estas historias han marcado su evolución.
Haciendo un gran salto histórico, los 90 supusieron la caída del “enemigo común” y, por tanto, el advenimiento de un nuevo escenario que había que manejar. Por un lado un bloque Europeo creciente, cada vez más poderoso con su modelo de capitalismo propio, de alguna forma limitado por las raíces racionalistas, que algo controlaban, al menos en el terreno moral. Por el otro lado el capitalismo más liberal y radical que se desarrolla en U.S.A. aupado al status de hegemónico por su papel en la victoria aliada en la II Guerra y su participación en los sucesivos conflictos bélicos que se han desarrollado a partir de ahí. Haciendo de nuevo una fuerte reducción del análisis, Europa no se conforma con ese rol secundario y, de alguna manera, subsidiario y se lanza a la conquista de la hegemonía. El Euro es la punta de lanza de esta pretensión. El resultado es una confrontación financiera entre los dos imperios: el dominante y el emergente. Lo cual nos lleva a la situación actual. Bajo mi punto de vista esta crisis, más allá de otras consideraciones, es el resultado de esta lucha de imperios, en el que uno de ellos, el dominante, ha iniciado las hostilidades en toda regla: Todas las agencias que están minusvalorando la economía europea son norteamericanas, amparadas en una acumulación del poder financiero en Alemania, como forma de asegurar la desunión en el sistema euro.
Por otro lado, esta lucha está agudizada por un matiz que quizás no están dispuestos a admitir la mayoría de los gestores actuales de la crisis: Está poniendo de manifiesto el fracaso del capitalismo y, por ende, del liberalismo, como modelo universal para la salvación colectiva de la especie humana. Antes bien, se comprueba que sólo es una opción para una parte mínima de la población, que necesita de la indigencia y de la situación de necesidad de la inmensa mayoría para poder subsistir. Por tanto, lo que se ha dado en llamar hipócritamente la “refundación del capitalismo”, no es más que la manifestación de su fracaso como proyecto común. Dejar actuar libremente al mercado no conduce a equilibrar las diferencias, como proclaman las leyes del liberalismo; como se puede ver sólo contribuyen a crear más separación entre ricos y pobres; más distancia entre clases sociales. El problema es que los sirvientes de este sistema, o dicho de otro modo, sus ejecutores, los políticos, no están dispuestos a romper la baraja a favor de un fin colectivo común. El problema aquí no es que nos salvemos todos, sino que se salven unos pocos.
Es en este contexto en el que el llamado estado de bienestar (si es que como tal existió alguna vez en sentido global) deja de tener sentido. La idea de derechos universales, como la educación, la sanidad, la vivienda, el trabajo, etc. no forman parte del proyecto de salvación de estos pocos; más bien representa un obstáculo. Mantener sistemas públicos en estos campos supone aceptar la posibilidad de una actuación colectiva de crecimiento y salvaguarda de la población. Algo que el mercado no puede asumir. Un sistema educativo que garantice un mínimo acceso a la cultura y al conocimiento de acuerdo a un proyecto de sociedad y ciudadanía, representa, de hecho, desde el punto de vista político, una opción contrahegemónica, entendiendo como hegemónico el paradigma del individualismo que representa el imperio capitalista. Lo mismo podemos decir de la sanidad o del trabajo.
Los sistemas educativos modernos surgen como una necesidad de formación para consolidar el capitalismo emergente, en el siglo XIX. En la sociedad compleja europea de los últimos 200 años, las fuerzas sociales han aceptado el reto de la educación formal como un espacio a conquistar para conseguir el progreso personal y social, así como la consolidación de sociedades democráticas. Los sistemas educativos son, en buena parte, una conquista social del movimiento democrático progresista (sin entrar en polémicas de lo que este término pueda significar en este momento, pero entiendo que puede englobar un número amplio de movimientos sociales). Sin duda se ha construido sobre las bases de un modelo racionalista y tecnocrático, pero no por ello debe ser condenado. Más bien hay que luchar por transformarlo, tal como educadores de todo el mundo llevan haciendo hace mucho tiempo, desde posiciones epistemológicas, políticas, culturales y sociales diferentes. El modelo racionalista regula la escuela para anular sus efectos emancipadores; las fuerzas sociales debemos luchar por desregularla para garantizar su reconstrucción en libertad.
En esta lucha estoy comprometido. Creo que necesitamos seguir peleando por la escuela y por el sistema educativo, pero no para sostenerla con el modelo actual sino para reconstruirla como parte de la construcción colectiva, democrática y libre que debería constituir esta sociedad. ¿Cómo? Como un proceso deliberativo, libre y abierto esté dispuesto a crear. En otros momentos iré aportando algunos elementos para el debate de esta propuesta.
He querido establecer la relación entre el sistema educativo y la crisis actual, como parte de la lucha social, política y de clase, que estamos viviendo. Es algo más (o mucho más) que unos recortes. La política actual aboca el sistema educativo a un sistema eliminado, mucho más segregador y clasificador; y al mismo tiempo legitimador de las mismas diferencias que origina. Contra esto tenemos que combatir. Por una escuela pública y comunitaria, que no es lo mismo que una escuela estatal y gubernamental.

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