Blog de Nacho Rivas

Por si le sirve a alguien

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Educação de tod@s para td@s: reforma educativa neoliberal e o caso espanho

El año pasado, el 2015, tuvimos la enorme fortuna de contar con la presencia, como Profesor invitado, de Alessandro Melo, de la Universidad Estadual do Centro-Oeste, Unicentro, de Brasil. Su presencia fue un enriquecimiento para todo el grupo de investigación Procie, y para mi especialmente como tutor suyo y amigo que me considero. Durante su año de estancia Alessandro se dedicó a analizar las reformas educativas en España, en especial la LOMCE; una oportunidad única, ya que durante ese año se puso en marcha buena parte de sus medidas. Como consecuencia de este trabajo Alessandro ha publicado un libro, Educação de tod@s para td@s: reforma educativa neoliberal e o caso espanho. En él se deja al descubierto el profundo carácter neoliberal de esta reforma y sus consecuencias. Con una sólida formación pedagógica y una orientación crítica innegable, a lo largo del libro se va argumentando con mucho criterio las raíces económicas, mercantiles y productivas, amén de conservadoras, presentes en la ley.

La referencia completa del libro es: MELO, Alessandro de. Educação de tod@s para td@s: reforma educativa neoliberal e o caso espanho. Guarapuava: Editora Apprehendere, 2016.

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Tuve el honor de que Alessandro me invitará a hacer el prólogo del libro, el cual comparto ahora con el ánimo de dar a conocer esta obra, escrita en portugués, pero de pleno interés para nuestro país en este momento.

PROLOGO:

Siete leyes educativas en 40 años de democracia en España no parece que sea un buen referente del éxito de nuestro sistema educativo. O quizás debería decir que es un excelente indicador del fracaso de los políticos en conseguir un marco común compartido que nos permita una estabilidad necesaria para sostener el paso de nuestros niños y niñas por las escuelas. Es difícil, desde esta situación absurda, conseguir que las escuelas puedan resultar interesantes a su alumnado, ya que lo que viven constantemente, independientemente de otras consideraciones, es la incertidumbre, el desasosiego de sus maestros, la queja de sus familias, el debate público abrupto, etc. No recuerdo ninguna legislatura en que la educación no haya sido una de las piedras con las que agredirse en el debate político.

Una característica de estas sucesivas reformas legislativas de la educación ha sido su marcado carácter ideológico partidista. Posiblemente, desde el libro blanco de Maravall (Ministerio de Educación, 1985), primer ministro de educación socialista, no ha habido ninguna otra valoración seria y argumentada de la situación de la educación y, por ende, del mejor camino para orientar el cambio. Cada nuevo ministro o ministra de educación parece que se ha sentido con la obligación de dejar su marca, aún siendo conscientes de la fugacidad y provisionalidad de su propuesta. Ante la falta de diagnóstico el argumentario político no era mucho más que una tertulia de café.

A esta ausencia de evaluaciones se ha unido siempre el desprecio a los avances en el conocimiento pedagógico. Si bien es cierto que durante mucho tiempo el pensamiento pedagógico, al menos en España, ha tenido un carencia de rigor importante, no lo es menos que los avances en campos importantes del conocimiento están dando soporte científico a propuestas educativas de cambio. Lo que hoy día sabemos de cómo son los procesos de aprendizaje, cómo actúa el cerebro en su relación con el mundo, qué estrategias educativas provocan aprendizajes, qué diferentes inteligencias poseen los individuos, el papel de las emociones, etc., está aportando no solo argumentos teóricos, sino evidencias de cómo debe organizarse un sistema educativo. Desgraciadamente los políticos han despreciado sistemáticamente estas aportaciones. El arte de la política, en este caso, debería consistir en saber conjugar estos avances en el conocimiento con las necesidades sociales y los proyectos públicos como nación. En este caso, nuestros políticos más que artistas parecen chapuzas ignorantes.

No cabe duda de que independientemente de estos incuestionables progresos, la educación, en última instancia, tiene una dimensión política ineludible y necesaria. No obstante, el futuro de la sociedad, la socialización de la infancia y la juventud, su potencial de cara a la emancipación de la población y la conquista de su soberanía individual y colectiva, son parte de las propuestas educativas. La educación no es otra cosa que el proceso de comprensión del mundo para su transformación y por tanto hablamos de un proceso de construcción colectiva de sentido y de acción. No debe extrañar, por tanto, el afán de la política partidista por controlarla desde sus propias trincheras ideológicas.

Una sociedad pretendidamente democrática entiendo que obliga a manejar este principio de otra manera. El hecho de querer imponer unilateralmente un modelo de sistema educativo habría que pensarlo como propio de estados autoritarios y de regímenes totalitaristas. No quiero suponer que este sea el caso. En cuanto proceso colectivo en un marco políticamente democrático, la educación (al igual que otros muchos aspectos de la vida pública) no debería quedar en manos de una sola propuesta política. Más bien tendríamos que pensar que debe ser fruto de un debate público, colectivo y abierto a la sociedad. Sin duda, los sujetos implicados (profesionales, estudiantes y familias) deberían desempeñar un papel importante en este debate, pero en educación todos y todas estamos implicados. Es difícil pensar en un acuerdo sobre los fines de la educación, por ejemplo, solo desde el sistema económico y productivo, o solo desde los intereses profesionales. La educación es un proyecto colectivo en el que todos y todas estamos implicados y a todas y todos nos concierne.

Democrático, desde mi punto de vista, no es que el partido hegemónico en cada momento diseñe la educación de acuerdo a su proyecto ideológico. Democrático es generar dinámicas participativas que permitan elaborar una propuesta colectiva desde la diferencia y el bien común. Por tanto sería imprescindible sacar el debate educativo de la política partidista. Dejemos que los grupos políticos generen las condiciones para ello, desempeñando su rol de mediadores en el debate público, pero esto no les autoriza a imponer su miopía al resto de la sociedad.

Con este escenario podemos decir que lo único que ha sostenido a duras penas el sistema ha sido el trabajo de los docentes. Sobre todo de algunos especialmente comprometidos, que han entendido la educación como una tarea ilusionante e ilusionadora con el mayor potencial de transformación social que se puede imaginar. Si bien es cierto que las condiciones políticas que Alessandro Melo describe tan certeramente en esta obra, no han permitido un ejercicio profesional libre y comprometido, también lo es que muchos colectivos docentes han sabido reaccionar y dar respuesta en sus centros a las complejas realidades a las que se enfrenta diariamente.

El trabajo docente se ha visto sometido, de forma creciente, a dinámicas de control asfixiantes y a una organización de su trabajo, proletarizado por diseños preestablecidos. Solo así el poder político puede llevar adelante esta noria legislativa. Se hace necesario un cambio importante que haga que nuestros docentes recuperen el orgullo de su profesión y actúen como agentes de cambio y mejora social desde un trabajo autónomo, profesional y comprometido con el proyecto colectivo.

El trabajo que Alessandro Melo ha hecho en esta obra ofrece elementos de reflexión importantes en las cuestiones que acabo de esbozar. Su trabajo serio y riguroso durante un año como profesor invitado en Málaga, colaborando con el grupo de investigación Procie, que tengo el honor de coordinar, ha dado estos frutos. Es importante la mirada que nos ofrece ya que está desprovista de las pasiones y fracturas que nos afectan a los que vivimos y trabajamos en este país, en España. Su mirada externa, pero crítica, nos ayuda a valorar estos 40 años de historia de la educación en España.

Su estancia, por otro lado, le ha permitido que este trabajo no se convierta solo en un ejercicio académico, que muy bien podría haber sido hecho desde su mesa de despacho en Brasil. Antes bien, ha sabido implicarse en nuestra realidad, participando en el proceso, conviviendo con los docentes, siendo parte de sus discusiones y sus luchas. No ha sido un mero espectador, ni este trabajo responde solo a una revisión documental, sino que en sus páginas se desprende vida, compromiso y conocimiento. Hay que agradecer a Alessandro su presencia entre nosotros y su mirada serena pero atenta. No nos deja solo un trabajo académico, nos ha dejado sobre todo algo de sí mismo y se ha llevado algo de nosotros. Hay un lazo que nos une para siempre. Obtuvimos una revisión crítica, rigurosa y fundamentada de nuestra realidad educativa, pero sobre todo ganamos un amigo.

 

REFERENCIAS

Ministerio de Educación (1985). Hacia la Reforma. Madrid: Centro de Publicaciones del Ministerio de Educación

 

Málaga, 9 de abril de 2016

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Un pacto educativo a lo Marina

El pasado 18 de julio (día singular en este país de infausto recuerdo), José Antonio Marina ha hecho público su propuesta de pacto educativo con el peculiar título de “papeles para un pacto educativo“. Documento que firma junto con Carmen Pellicer y con Jesús Manso. La primera es una conocida teóloga y pedagoga, fundadora de Trilema, y colaboradora asidua de la FERE y la CERE. O sea, las organizaciones de la patronal de la enseñanza privada religiosa. Trilema se trata de una fundación privada con varios centros concertados en su haber y defensora a ultranza de la libertad de elección de centros. Al mismo tiempo esta asociación promueve iniciativas pedagógicas de corte empresarial y mercantil. Jesús Manso es un joven profesor universitario de la autónoma de Madrid, vinculado a actividades de la Universidad Nebrija, una de las instituciones privadas, junto con la Universidad de padres de Marina y la propia fundación Trilema, que aparecen como entidades colaboradoras del presente documento.fotopapeles_thumb_820

Si me extiendo un poco en la consideración de los autores e instituciones que los respaldan tiene que ver con la credibilidad que pueda tener una propuesta emanada de instituciones que en sí mismas están representando intereses particulares y privados; también comerciales, habría que completar. Da la sensación que Marina hace un tiempo cruzó la peligrosa línea que distingue la educación como derecho universal, público y colectivo, de una actividad social orientada desde intereses particulares; eso sí, bajo el paraguas del estado. Aún dando por supuesta su buena voluntad, no parece que una propuesta que emana desde un marco como este pueda estar ofreciendo respuestas fiables para un sistema educativo público, libre y equitativo. Los intereses privados, y más si están ligados con los comerciales, no pueden dar respuesta a las necesidades de los colectivos más amplios de la sociedad; justamente aquellos para los que el sistema educativo debe dedicar más tiempo y atención.

Quizás por esto mismo estos “papeles” tienes dos ausencias claras y manifiestas: el alumnado y las condiciones socio-económicas. Como desarrollaré en este comentario, los únicos intereses “públicos” que se ponen en juego son los de las familias y los del estado. Lo cual sitúa a los sujetos principales del sistema escolar, el alumnado, en objetos dependientes, minusvalorados y exentos de derechos. En este punto contradice de forma radical los principios educativos que rigen en las propuestas más relevantes en el mundo educativo a lo largo de su historia; desde la ILE, pasando por el movimiento de Escuela Nueva, la escuela moderna de Ferrer y Guardia, los movimientos de renovación pedagógica, el movimiento de cooperación educativa, Rosa Sensat y las añoradas Escolas d’estiu, por citar algunas de las más significativas: No puede haber un cambio educativo de relevancia que no coloque al alumnado en el centro de la propuesta, y atienda a su condición de persona, ciudadano y sujeto con derechos y deberes. En educación hace tiempo que sabemos que sólo se aprende lo que se vive, de tal forma que si tratamos a los niños y niñas como sujetos sin derechos, es le mejor modo de convertirlos en sujetos sin derechos. O sea, subordinados.frueher-fruehling-8f297ee1-b354-4c80-865e-2c91f3d691c4

Por otro lado, la propuesta de este singular trío olvida la condición socio-económica aparejada al desarrollo de los sistemas educativos. Lo cual es lo mismo que decir, a mi modo de ver, que obvia el derecho a la educación entendido como dar la posibilidad de que todos y todas tengan la mejor educación posible que les de la opción de acceder, en igualdad, a los recursos culturales y sociales. Una propuesta educativa que olvide esto aboca, irremediablemente, a la exclusión, a un porcentaje importante de la población. Cuando los criterios para la propuesta vienen de la mano del sistema mercantil, productivo y financiero, ya de por sí segregador, el cóctel está servido. La excelencia, entendida desde una propuesta productiva, es la mejor herramienta para la exclusión social. Incluir la iniciativa privada como parte del sistema público es un buen modo de hacerlo. Sistema educativo y justicia social deben ser elementos inseparables de cara a una construcción democrática y emancipadora de la sociedad. Todo lo demás cae en el campo de las tecnocracias educativas que no entienden de sujetos ni de contextos, sino de procedimientos.

Podemos compartir con este documento los acuerdos y desacuerdos sobre los que se articula. Al menos en una parte de los mismos, ya que las ausencias comentadas los sesgan de forma importante. En cualquier caso porque algunos de sus componentes no dejan de ser sino tópicos compartidos. Casi podríamos hablar de perogrulladas, pero no quiero ofender: fijar una inversión mínima (del 5%, por qué no del 7%, me pregunto yo), reducir el abandono escolar (por qué al 10 % y no en su totalidad), fomentar la flexibilidad curricular y organizativa, repensar el sentido del curriculum, el profesor (profesorado habría que decir) como elemento clave… No parece que sea un análisis en profundidad del sistema ni que corresponda a una evaluación sería y contrastada.

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Las propuestas que emanan de estos acuerdos, en líneas generales, no modifica necesariamente esta impresión. En primer lugar, se elaboran desde la lógica de entender lo público como una articulación entre lo estatal y la iniciativa social privada. Solo desde la “lógica Trilema” esto es algo admisible, y claramente supone una forma de arrimar el ascua a su sardina sin ningún criterio político, económico o educativo que lo justifique. Desdibujar los límites entre lo público y lo privado, sea este último en la modalidad que se quiera, es intentar anular el carácter colectivo y comunitario de la educación. ¿Cabe pensar que una iniciativa social de carácter religioso, va a garantizar una educación en valores plural, diversa y equitativa? Yo creo que ni con la mejor de las intenciones esto es posible.

En segundo lugar, si las propuestas emanan de tópicos sin definir, estas se mueven al arbitrio de quién las maneja. Lo más peligroso es que desde esta posición es fácil confundirlas con verdades establecidas, ya que están exentas del más mínimo debate. Por ejemplo, el 4º objetivo de la tercera propuesta plantea la evaluación del mérito como el camino hacia la equidad, cuando esta solo es posible pensarla desde las diferencias socio-económicas y las diferentes condiciones de acceso a la educación en sus diferentes niveles. Así planteado, como mérito, se legitiman las diferencias de clase en su paso por el sistema educativo, como ya se ha demostrado ampliamente desde diferentes investigaciones sociológicas y educativas. El mérito puede empezar a pensarse a partir del logro de la equidad, pero no se puede plantear como condición. Sin ánimo de hacer un repaso exhaustivo de todas las propuestas, valgan estos botones como muestra. Su idea sobre la religión o la libertad de enseñanza, por ejemplo, son buenas muestras del sesgo ideológico mercantil de la que adolece todo el documento.

Resulta llamativo, por ir dando las últimas pinceladas, el planteamiento relativo a la gestión de los centros educativos, demandando una autonomía, especialmente presupuestaria (la otra no se ve muy claramente donde queda). Esta viene supeditada a la evaluación de los resultados, que modificaría un porcentaje establecido de la financiación del centro. Desde mi punto de vista resulta paradójico que la gestión quede supeditada a un sistema de premios y castigos en un sistema que ya, de por sí, es desigual. No insisto en lo ya comentado acerca de las desigualdades socio-económicas en el sistema educativo. Si los resultados son malos, el presupuesto baja, haciendo más difícil la consecución de los objetivos de rendimiento para el siguiente curso: menos presupuesto, menos posibilidades. Este es un principio fácil de entender. De este modo, los centros van diferenciandose y la brecha entre los “excelentes” y los “mediocres” se va acrecentando, generando sistemas paralelos. ¿No sería preferible poner más esfuerzo y recursos allí donde el sistema no está funcionando, o donde más necesidad se manifiesta? Se trata de dar opciones para la mejora, no de castigar por el fracaso. En términos estrictamente educativos esto es algo que es claramente rechazado desde la psicología y la pedagogía.

En este mismo ámbito de la gestión, la democracia escolar queda excluida, con lo que la idea de comunidad que defiende en otros puntos del documento, queda claramente en entredicho. Sin democracia no hay educación. Eso es algo que el Sr. Marina debería saber. Por un lado demanda la profesionalización del director, eliminando su dimensión de liderazgo educativo. Un profesional es un técnico, un especialista, pero esto no le da la condición de líder; le da la condición de gestor. Podemos acordar que es necesario una figura de este tipo en los centros educativos, pero no podemos asimilarla a la función pedagógica. El cuerpo de directores, que en el franquismo actuó como auténtico cuerpo de comisarios políticos, no parece la mejor herramienta para el desarrollo democrático ni para la construcción colectiva de comunidad educativa. Máxime cuando le adjudica a este director/a profesional, la elaboración del proyecto educativo y le deja una “amplia capacidad de decisión” (sic).stadt-im-sommer-eb0050da-68da-4ea7-ab38-cc1766b7f037

Posiblemente el Sr. Marina (y la Sra. Pellicer y el Sr. Manso) y yo no tengamos el mismo concepto de democracia. Pero tampoco creo que compartamos el mismo concepto de educación. Estas no son bases para generar un pacto educativo estable, sino las condiciones para dejar la educación en manos de la moral neoliberal y neoconservadora imperante. No parece que esto pueda generar un pacto. Como mucho, una chapuza.

 

(Las imágenes que ilustran corresponden a Mannus Mann, Miembro World, KÖLN, DE – EU, Abstrakte Digital-Malerei)

Huelga educativa. La sociedad en riesgo

Me solidarizo con la huelga de estudiantes en sus reivindicaciones que son también mías. NO A LA LOMCE y NO AL 3+2. En ambos casos estamos hablando de políticas que segregan y convierten la educación en una cuestión de dinero, abandonando el valor colectivo de construcción social y de cohesión que siempre debería tener. La educación está perdiendo la condición de derecho individual y colectivo para convertirse en una mercancía con la seleccionar a los colectivos sociales de acuerdo a su capacidad financiera.
La LOMCE está rechazada en el parlamento pero sostenida por un gobierno en funciones que cada día pierde más credibilidad. Hasta sus fieles la consideran ley muerta. Pero ya se sabe, “sostenella y no enmendarla, amigo Sancho”. El 3+2 supone crear una titulación devaluada y un posgrado selectivo por cuestiones económicas. La educación universitaria también es sistema educativo, por tanto abogo por una universidad gratuita, libre, autónoma y comprometida con el cambio social y los valores de justicia, solidaridad y equidad. Las universidades europeas que tienen este modelo lo hacen desde otro escenario económico, desde la gratuidad en muchos casos, desde un modelo integrado, y desde un proyecto educativo diferente. 
La educación es un compromiso colectivo y parte esencial de la construcción de una sociedad justa y solidaria. Por tanto pidamos a los políticos que den un paso al lado y permitan que un debate público y paritario permita elaborar una propuesta viable de escuela inclusiva, diversa y democrática. Libre y pública. Pensada por, para y desde la ciudadanía. Cualquier ley debe tener un proceso público de discusión y elaboración, pero en educación esto es una exigencia moral.

No tratamos a los alumnos como ciudadanos

El pasado 17 de setiembre pude compartir una tertulia sobre la situación actual de la educación en el programa de radio “Hoy por hoy” dirigido por Pepa Bueno. Sin duda es importante poder ofrecer otra mirada sobre la educación y más en un programa de máxima audiencia como es este. Tuve la suerte de compartir mesa con César Bona, sobradamente conocido en los últimos meses, por su nominación para el “Nobel de los profesores”, con Pilar de los Ríos, directora de un instituto de Vallecas, con amplia trayectoria como educadora y como defensora de la Escuela Pública y con Rita López, profesora de Plástica y Filosofía, por tanto doblemente afectada por la errática política educativa española de los últimos tiempos.1442475501_867015_1442475684_noticia_normal

Normalmente en los medios de comunicación estamos acostumbrados a escuchar las voces de contertulios con preconcepciones sobre educación realmente preocupantes, anclados en modelos caducos y muy poco informados sobre los procesos educativos y su sentido en la vida de los alumnos. El debate educativo se ha convertido en un debate económico y productivo: “qué formación para que sistema laboral”. Con lo cual reducimos la educación solo a un proceso de instrucción y al servicio de un solo sector de la sociedad. En esta ocasión defendimos (toda la mesa) otra perspectiva: la educación debe enfocarse a la sociedad en su conjunto y, especialmente, orientado a conseguir que el alumnado actual se convierta en ciudadanos y ciudadanas comprometidos, críticos, transformadores, creadores y, sobre todo, personas felices. Solo así conseguiremos, también, tener buenos trabajadores: aquellos con autonomía y capacidad critica capaces de hacer una sociedad más justa, más solidaria y más libre.

El entorno en que tuvo lugar la entrevista fue algo impresionante: el instituto Cardenal Cisneros de Madrid, el primero que se creó, (1833) y con una tradición cultural, política y educativa impresionante. Como muestra comparto la imagen de la escalera central, como metáfora del conocimiento que nos hace libres.

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Adjunto el podcast para quién quiera tener el debate completo.

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El discurso colonizador en la educación

Mi amigo Félix Eroles ha tenido a bien hacerme una entrevista para su Blog “personas que aprenden” (personasqueaprenden.net), una excelente propuesta para el debate educativo y la búsqueda de una construcción educativa diferente. Con mi agradecimiento por su interés en mi trabajo y mi pensamiento, comparto esta entrevista que espero sirva para generar debate en torno a la política educativa actual.

http://personasqueaprenden.net/2015/09/nacho-rivas-el-discurso-descolonizador-en-la-educacion/

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Los protocolos matan (y las malas políticas también)

Hace unos días asistimos de nuevo al suicidio de una niña de 16 años, en un instituto madrileño, víctima de acoso por parte de un compañero. Otro caso que se suma a una lista inadmisible en un sistema educativo. Algo no debe funcionar adecuadamente en la educación cuando estos casos se repiten con cierta regularidad. Cómo es posible que donde se supone que se están formando las nuevas generaciones que van a ser protagonistas de la sociedad en muy poco tiempo, una de las noticias estrella sea justamente la de la ausencia de valores éticos, ciudadanos y morales que garanticen que estamos avanzando por el buen camino.

En la mayoría de los casos se acusa a los sujetos más cercanos: profesorado, dirección, condiciones ambientales, … Pero sin duda esto es un problema de la sociedad al igual que de la configuración de un sistema educativo que parece poco capacitado para tratar problemas que no sean los estrictamente curriculares. Y pongo la atención justamente en este punto, más allá de que en cada caso particular pueda haber, o no, responsabilidades individuales.

1432554249_702620_1432556838_noticia_normalEn el caso que motiva este post el debate parece ser si se cumplieron o no los protocolos de actuación en estos casos establecidos por la consejería de educación de la comunidad de Madrid. El director del centro ha sido suspendido acusado de no seguir los protocolos, mientras que claustro, familias y otros interesados aseguran todo lo contrario, apoyando a este director con manifestaciones y escritos. Muy triste me parece que la vida de alguien (o la felicidad de cualquiera) depende de que se cumplan o no unos protocolos, que nos remiten necesariamente a una cuestión administrativa, pero para nada educativa. En este caso, seguir estos protocolos, como afirma la comunidad educativa, no le ha librado de la muerte a esta joven. Por otro lado, la administración educativa se ajusta a este mismo criterio para determinar su suspensión y la apertura de expediente disciplinario. Pocas referencias al clima afectivo del centro, a las condiciones de vida que se generan en relación a la convivencia, al diálogo y a la comprensión; al tipo de relaciones que se viven en los centros educativos de acuerdo a los modelos de gestión, a la esclerosis del sistema en cuanto a la atención a la singularidad, a los vínculos que se generan (o no) entre el alumnado, alumnado y profesorado, las familias… Nada que decir de la matriz gerencialista y administrativa de los centros educativos; al énfasis en el éxito, la excelencia y el esfuerzo y ninguno a la felicidad, la flexibilidad y la convivencia. Y así podríamos seguir.

La gestión de los centros educativos no es (no debe ser) un problema exclusivamente administrativo y de protocolos de actuación. Quizás eso esté bien para otras instituciones, como el ejército, pero vemos que tampoco funciona si nos atenemos a los casos de discriminación de género por ejemplo, o la disciplina sin sentido. Protocolizar la vida educativa supone pensar en un funcionamiento homogéneo donde el sujeto no deja de ser más que un peón en un tablero que se debe regir por ciertas reglas establecidas. Da igual su condición personal, social, afectiva, etc. No quiero decir con esto que no deban existir ciertos procedimientos establecidos que ayuden a generar pautas de actuación positiva para afrontar los problemas de una institución tan compleja como esta, pero estos no bastan. Y menos si están centrados exclusivamente en estrategias de control, información y sanción. Si no se atiende desde el punto de vista educativo estamos contradiciendo la esencia de lo que debería ser un centro escolar. images-2

No quiero que esto se entienda exclusivamente para este caso. No conozco en profundidad lo ocurrido, por tanto no me creo capacitado para opinar. Lo planteo en relación a las políticas que están instalándose en la educación, y que nos vienen acompañado desde hace tiempo. La educación se ha convertido en un problema de gestión, en la que basta con seguir ciertos procedimientos para que funcione. Esta forma de desplazar a los sujetos del centro de la vida escolar, es uno de los motivos por los que los conflictos, el fracaso y la inseguridad se instalan en el paisaje educativo. Más allá de las normas el alumno, la alumna, debe ser el interés principal. No solo como aprendiz, sino como persona, como ciudadano, como sujeto dueño de su destino y de sus intereses.

La mera aplicación de los protocolos, por tanto, no nos da la respuesta. Como tampoco las políticas educativas centradas en los valores de un mercado de trabajo competitivo, excluyente y miserable. Estos son los frutos. Por tanto, generemos un sistema educativo centrado en los sujetos, en los valores de la vida democrático y en su capacidad de transformar y mejorar los contextos en los que se ubica; desde, con y para la comunidad, como colectivo que sustenta la vida pública.

¡Nos queda camino que desandar!

Huelga de la educación, política por supuesto.

Llama poderosamente la atención que en relación a la huelga de estudiantes de esta semana no se le ocurra mejor argumento al ministerio, y en particular a la Sra. Gomendio, de afirmar que ésta es “una huelga política que tiene poco que ver con el ámbito educativo”. Evidentemente, tengo que darle la razón en este caso y sin que sirva de procedente: Esta es una huelga política, como todas las huelgas, ya que pretende denunciar las malas políticas educativas que se están haciendo por parte del gobierno, manifestar un desacuerdo de la mayoría de la comunidad educativa e intentar un cambio de rumbo de una ley errática, involucionista, caduca, ideológica y, sin duda, nada pedagógica.

MANIFESTACIÓN DE ESTUDIANTES EN MADRID

Pero Sra. Gomendio, también la huelga es educativa, porque está enseñando a los jóvenes, a las niñas y a los niños, y a las familias, que los derechos no se regalan, sino que se conquistan. Que la sociedad es de todas y de todos y que solo desde el compromiso colectivo podemos construir una sociedad más justa, más democrática y más solidaria. En un momento en que los políticos se hartan de confundir los términos hablando de la necesidad de hacer “más pedagogía” para que la población entienda y acepte las reformas con las que nos castigan, no está de más colacar la educación en su término justo. Pedagogía no es igual a manipular para vencer. Ni educación es igual a asimilar libros de texto vacuos y sin sentido. Educar es buscar el sentido del mundo, de la sociedad y de la vida, desde la participación, la colaboración y la justicia. Por tanto, una huelga que busca recuperar el papel de la ciudadanía en la construcción de sentido de la participación política, es una huelga política, que educa.

Muchos y muchas de nosotros, incluidos algunos de los que ahora gobiernan desde estas posiciones retrógradas, durante los complejos tiempos de la dictadura y la transición conquistamos los derechos de los que disfrutamos ahora protestando en la calle, bajo la amenaza del manto gris de la represión, con sus porras, sus gases, sus torturadores y sus sicarios. Esa lucha fue una de nuestras escuelas y parte importante de nuestro aprendizaje. Es difícil de creer que hayamos vuelto a lo mismo, salvo que en lugar de gris, la represión ahora tiene otros tintes y otras estrategias. Pero no deja de ser represión.

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Huelgas que educan, huelgas que construyen frente a políticas que van contra la sociedad y la ciudadanía. Por supuesto que es política; como la educación misma.

El peligro de la educación. En torno a Malala y Ayotzinapa

En un breve espacio de tiempo la educación se está convirtiendo en protagonista de la vida pública por dos motivos importantes: por un lado, la noticia del premio nobel de la paz otorgado a dos luchadores por la educación; y por otro, la triste y gravísima noticia de los asesinatos de estudiantes de magisterio en México. Si bien son de ámbitos muy distintos, están profundamente relacionadas.

Malala_Yousafzai_at_Girl_Summit_2014Este año el premio nobel de la paz se ha otorgado, conjuntamente, a Malala Yousafzai y a Kailash Satyarthi, “por su lucha contra la represión de niños y jóvenes y por el derecho de todos los niños a la educación”. Malala, la más joven ganadora de este galardón con solo 17 años, saltó a la luz pública como autora de un blog para la BBC donde denunciaba la represión de las mujeres en su región, en Pakistán, bajo dominio talibán durante varios años, donde se prohibía a las chicas asistir a la escuela y estudiar. A causa de su activismo a favor de los derechos civiles de las niñas y jóvenes sufrió un atentado con solo 15 años, cuando acudía a la escuela en un autobús escolar.

Por su parte, Kailash Satyarthi es un activista indio contra el trabajo infantil, llevando una importante labor en la liberación de niños de la esclavitud, a través de su organización Bachpan Bachao Andolan . Kailash_Satyarthi

Desde nuestro mundo occidental quizás suena a primitivo comprobar que hay regiones del mundo donde la educación es algo negado a buena parte de la población, especialmente a las chicas. Si bien, deberíamos recordar que en España, por ejemplo, la educación para todos y todas  no fue una realidad (al menos en términos legales y estadísticos) hasta finales de los 80; que la mujer, hasta hace 40 años, dependía de su marido o su padre hasta para abrir una cuenta de banco; que actualmente los niños y niñas de zonas de exclusión de las grandes ciudades ver cercenado su derecho a la educación cuando los centros educativos les cierran sus puertas por su condición social; que muchos niños y niñas de zonas rurales y/o marginales, tienen negado su acceso a la educación secundaria por carecer de centros apropiados en su entorno próximo. En muchos casos las familias se han visto obligadas a emigrar a zonas urbanas para permitir el estudio de sus hijos e hijas, con consecuencias culturales y sociales relevantes. Actualmente, en otro orden de cosas, la mujer es la primera en verse obligada a abandonar los estudios en caso de problemas familiares, o para la atención a los progenitores en situación de dependencia. Por poner algunos ejemplos.

En cualquier caso, la amenaza de muerte de Malala supone un paso más en la marginación de la mujer y su exclusión del sistema cultural, social y económico. Resulta paradójico que en este marco, el gobierno español ponga en marcha una ley que reproduce, al menos ideológicamente, esta situación, reconociendo la educación diferenciada por sexo, o estableciendo diferentes tipos de centro en función de las categorías sociales, de acuerdo a dudosas consignas como la excelencia, la calidad, los talentos o el esfuerzo. El desarrollo de estas estrategias de selección y control del sistema educativo supone avanzar hacia las posiciones contrarias que se premian en Malala. Pero claro, nosotros estamos en el mundo civilizado que no atenta contra las chicas, simplemente las condena a la exclusión social.

La otra situación de la que estamos siendo testigos es la matanza de estudiantes de magisterio en el estado mexicano de Guerrero, en la Normal Rural de Ayotzinapa en Iguala. Graves enfrentamientos entre policía y estudiantes hace unas semanas, se saldaron con 6 muertos y 43 estudiantes desaparecidos. En el marco de las investigaciones se han descubierto fosas comunes con decenas de asesinados, relacionados con las mafias locales y apoyados por fuerzas de seguridad y autoridades locales. La suerte de estos 43 estudiantes se ve seriamente amenazada por las acciones de estos últimos que actúan en connivencia con los cárteles de la zona. Estudiantes_magisterio_Guerrero

En este caso se trata de una escuela Normal con una importante tradición de compromiso social, educativo y político, que poco agradaba a estos señores, que veían en ellos una amenaza a su poder y a su control. En definitiva, porque un pueblo educado es un pueblo capaz de conquistar su libertad y el respeto a si mismos. La educación es una amenaza a aquellos que solo entienden la sociedad como un ejercicio de poder y dominio sobre el otro. La red latinoamericana Estrado, centrada en el trabajo docente, ha sacado un manifiesto de apoyo a estos estudiantes que sería importante difundir por todo el mundo y hacer ver que un mundo mejor no pasa por la cuenta de beneficios, sino por la educación, la libertad, la justicia y la solidaridad. Esto es algo que los sistemas políticos occidentales y “civilizados” no quieren entender (o quizás lo entienden demasiado bien) y que asuntos como los que comento en este blog, provenientes del otro mundo “no civilizado”, nos lo recuerdan con toda su crudeza.

Muerte de senecaLa educación siempre ha sido una amenaza para los poderosos. En la historia hay muchos ejemplos al respecto. Desde la condena a muerte de Séneca, acusado de pervertir a los jóvenes, el ajusticiamiento de Ferrer y Guardia, acusado de incitar a los sucesos de la Semana Trágica en Barcelona, hasta la condena de miles de docentes en la dictadura española (el cuerpo de docentes fue el que sufrió la mayor represión franquista), al igual que en otras regiones del mundo (recordemos las dictaduras latinoamericanas recientes). Quizás precisamente por esto las políticas educativas propugnan medidas de domesticación de los docentes, por medio de poderosos sistemas de regulación y control de su trabajo. No en vano estas políticas están despojando a los sistemas educativos de lo que tienen de educativos para convertirlos en sistemas de gestión y control, donde lo importante no es que el alumnado aprenda a pensar, comprender y actuar en el mundo en el que vivimos, sino que sepa contestar cuestionarios, mantener el orden, caminar perfectamente en fila, actuar de acuerdo a consignas preestablecidas, responde a tareas mecánicas y, en muchos casos absurdas, obedecer ciegamente, aunque no se sepa para qué, mantenerse en silencio durante 5 horas diarias, etc. etc. etc.

Mantener este sistema es el mejor modo de “justificar” los asesinatos de los jóvenes normalistas mexicanos, el atentado a chicas como Malala o la exclusión a la que se ven sometidos miles de niños y niñas de este mundo civilizado a causa de las políticas de “calidad” y “excelencia” de las propuestas educativas actuales. Reitero por tanto, la invitación a adherirse a este manifiesto y demostrar que en el mundo hay muchos millones que aún creemos que la Educación es la práctica de la Libertad, parafraseando a nuestro añorado pedagogo Freire.

¿Qué fue de la educación? Comunidad educativa y políticos

Debo confesar que me abruma un hondo pesimismo con el sistema educativo actual, especialmente desde la acción de los responsables políticos. Cada día prácticamente, hay noticias o acontecimientos nuevos que me incrementan este sentimiento y me dejan una sensación, que si no fuera por el contexto filo-académico en el que quiero que se mueva este blog, calificaría de “mala leche”. La educación se está convirtiendo a pasos agigantados en una mera cuestión administrativa, para la que basta aplicar ciertas reglas y procedimientos en torno a unos materiales establecidos, en un entorno de aislamiento, preferiblemente aséptico. Esto vale para la mayoría de las instancias del sistema, desde la vida interna de los centros, en un alto número, pasando por la gestión de las instancias intermedias dependientes de las delegaciones, como es el caso de la inspección, y terminando con los responsables políticos tanto en los niveles autonómicos como estatales. Desde el sentimiento que acabo de describir y el profundo malestar que me produce, tengo la sensación de que en algún punto se ha perdido la educación y nos hemos quedado solo con el sistema.

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La última gota (quizás sea mejor decir una de las últimas) tiene que ver con la situación que estamos viviendo en Andalucía en relación al practicum de los estudiantes de Primaria en centros educativos públicos. Sí es cierto que la consejería de educación, y su consejero en persona, plantean una defensa de la escuela pública frente a los avances neoliberales y privatizadores de la LOMCE, parere que no están escogiendo las mejores vías. Es relevante que el decano de la facultad de Educación de la Universidad de Málaga, en la que trabajo, se haya visto en la obligación de publicar un comunicado de queja en relación a la actitud de los responsables de la consejería y de la delegación en este tema.

Básicamente, el problema consiste en que el convenio por el que se permite que el alumnado de los grados de educación hagan sus prácticas en centros educativos públicos, ha sido denunciado y no hay nada que lo sustituya, quedando suspendido y prohibida la entrada del alumnado de las facultades de educación a dichos centros. De hecho, desde hace ya un tiempo la entrada en los colegios por parte de investigadores o alumnado en actividades no vinculadas con el prácticum (voluntariado, programas especiales, prácticas de asignaturas, observación, etc.) estaba viéndose seriamente obstaculizada cuando no directamente prohibida.

2014-09-27 12.08.00Mi primera reflexión es que un sistema educativo público no puede ni debe ser patrimonio de nadie, sean estos políticos o cualquier otro cargo o representación. Desde todas las instancias internacionales e investigadoras se aboga por la comunidad educativa como modelo para garantizar un sistema educativo de calidad y socialmente responsable. Algo que parecen negar, con sus prácticas, los que toman decisiones de este tipo y los que las secundan entusiásticamente. La comunidad, al igual que la educación, se han perdido en este camino. Debo decir que entiendo por comunidad, en este caso, el conjunto de la ciudadanía que, de un modo u otro, está implicado en el sistema educativo. Lo cual es mucho más que un grupo de dirigentes con intereses más partidarios que educativos.

Desde este planteamiento creo que es necesario entender que el Sistema Educativos empieza en los propios estudiantes de los grados de maestro. Esto es, la facultad de educación, los centros de formación del profesorado, son tan sistema educativo como lo son la red de colegios públicos y las instituciones que tienen responsabilidades en esta materia. Si los centros educativos y las  facultades de educación no se sienten parte de un mismo sistema, este ya nace cercenado de forma importante. En este ámbito no existe el campo de lo “profesional” por un lado, y el de la “formación” por otro. Los docentes empiezan a formarse desde que pisan un centro escolar con 3 años y no dejan de hacerlo hasta que se jubilan. Por poner algún límite dentro de lo propiamente institucional.

Por otro lado, si centros educativos y universidad viven de espaldas estamos abocando a la educación a un callejón sin salida. Innovación, formación e investigación se nutren mutuamente, de tal forma que el sistema solo puede progresar si se sostiene desde estas tres patas. La política que conduce al aislamiento de cada de una de ellas, además de miope e inútil, termina por convertirse en lo que actualmente es: un cúmulo de regulaciones sin sentido, con el único propósito de mantener el control y la gestión dentro de los límites de la manejable desde el poder. En definitiva, se convierte en un sistema de gestión al servicio de la administración de turno, por supuesto siempre partidista. Esta perspectiva justamente es la opuesta a lo educativo, que se caracteriza por la creacción, la flexibilidad, la contextualización, la autonomía y la democracia. Nuestros dirigentes, en todos los niveles del sistema, deberían aprender que gestión no es igual a educación; que regular, no es igual a formar; que prohibir no es lo mismo que garantizar derechos.

Deberíamos de empezar a pensar más en lo que significa el derecho a la educación, que no es “enderezar” la educación, sino dar opciones a todas y todos para ejercer su ciudadanía en libertad e igualdad. Garantizar el derecho a la educación es pensar en las niños y en los niños y en su derecho a sentir, pensar y actuar en libertad como medio para su participación en el mundo actual. Derecho a la educación no es aplicar la ley, sino permitir que los niños y niñas comprendan el mundo en el que están y sean capaces de actuar en él para mejorarlo. AjDjb2Eic4hki2njCJ-mJ_Ab_Ys3k8ByMbrotJIMyudm

El problema no es la LOMCE. O al menos no solo la LOMCE. Cuando la consejería de educación de Andalucía, que pretende ser la alternativa a esta ley, actúa en el sentido de lo que estamos diciendo, está garantizando su éxito, más que su derogación. Resulta paradógico que el consejero alegue a la necesidad de participación de la comunidad educativa en la gestión de los centros, como forma de oposición a la LOMCE, cuando al mismo tiempo implementa políticas y acciones restrictivas al ejercicio de dicho derecho, fomenta la exclusión de las familias en el vida de los centros e impide que los futuros docentes se formen de forma adecuada. ¿Es mucho pedir un poco de coherencia en la política educativa y en las prácticas de gestión de los centros?

La (de)formación del profesorado. ¿Un modelo fracasado?

El ministerio se ha vuelto a precipitar al repartir culpas entre el profesorado para justificar una ley obsoleta y sin sentido, sin la más mínima valoración de fondo de un informe (PISA), que de por sí presenta dudas muy serias sobre sus resultados y sus intenciones. Por otro lado, el foro de Sevilla ha elaborado recientemente un documento sobre el profesorado con el ánimo de presentar una visión alternativa a la LOMCE en varios aspectos: La responsabilidad del profesorado con la Educación Pública, La formación inicial, la formación permanente, selección y acceso a la función docente, evaluación del profesorado y estatuto y desarrollo profesional. Estando de acuerdo en buena parte de los argumentos que ahí se desarrollan me gustaría hacer algunas reflexiones en torno a la formación inicial del profesorado, toda vez que suele ser uno de los puntos críticos en todos los sistemas educativos. En nuestro caso, además, parto del convencimiento de que en España esta es una de las asignaturas pendientes más preocupantes y, además, recurrente. Sin que esta recurrencia haya supuesto que hayamos avanzado demasiado.

Uno de los problemas básicos es que la formación del profesorado está sometida a la misma lógica de formación que rige en el conjunto de la universidad, la cual está pensada desde el academicismo racionalista, basado en las disciplinas y en las jerarquías epistemológicas en torno al conocimiento (válido-no válido, teoría-práctica, ciencias-letras, conocimiento científico-conocimiento vulgar, etc.). Por otro lado, las lógicas administrativas y de control de la educación superior, cada vez más regulada, estructurada y rígida, no contemplan un modelo de formación diferenciado de acuerdo a las peculiaridades de cada área. El hecho de convertir la universidad en un problema de contabilidad de horas y créditos, como ya he tratado en otro momento, no sólo es un grave obstáculo, sino que además nos conduce a un abismo difícil de sortear sino hay un cambio radical de orientación. Sin duda esta no es la mejor universidad para formar al profesorado, aunque posiblemente  también tendríamos que decir sencillamente, que no es la mejor universidad.academia4

Planteo algunas cuestiones que me preocupan en torno a la formación inicial del profesorado:

– El problema no está en seleccionar a los mejores para estudiar los grados de profesorado, sino en que el grado forme a los mejores docentes posible. La selección previa no deja de ser más que una forma de segregar en función de unos criterios definidos a priori, pero que no suelen ser indicadores definitivos acerca de qué profesional vamos a formar. Es el desarrollo de los estudios el que debe generar las mejores condiciones para que el alumnado encuentre sentido a la profesión y desarrolle las mejores opciones para su desarrollo. No son pocas las veces que hemos oído eso de que: “una vez en la facultad descubría que esto era lo mío”. El argumento de la selección inicial sería el mismo por el que se justifica que en la ESO se creen itinerarios alternativos para los peores expedientes.

– Hay una cierta tentación de convertir los estudios de profesorado en una academia de formación para las oposiciones. Orientar la formación en función de los avatares de la vida administrativa es condenar el conocimiento profesional a regirse con criterios administrativos. Se trata de formar profesorado reflexivo, crítico, con capacidad de entender los escenarios educativos en los que tiene que trabajar y capaces de transformar su realidad.

– Resulta realmente grave que estemos enseñando “lo que hay que hacer”, haciendo justamente lo contrario. Enseñamos teorías educativas, psicológicas, sociológicas, etc. que no se están viendo reflejadas en la práctica cotidiana de nuestras aulas universitarias. Para empezar, como antes comentaba, la propia estructura de los estudios en la universidad, la regulación del tiempo y el espacio, la contabilidad de horas, la rigidez del modelo, los modos de evaluación, la permanencia del alumnado en las bancas durante horas interminables, los rebuscados sistemas de calificación, etc. son elementos que forman en modelos contrarios a los propuestos por nuestros discursos críticos, constructivistas, reflexivos, etc. En este sentido, considero que tenemos una gran responsabilidad en el fracaso del modelo.

– Desde mi punto de vista, el mejor profesional es aquel que mantienes compromisos públicos con su comunidad, con la sociedad, con la transformación y la mejora del mundo. Sí, ya se que suena trasnochado para la moral neoliberal actual y para los defensores de la “profesionalidad” de la enseñanza, casi siempre para hacerlo parecer un problema técnico. La educación es social, política y cultural. Construimos mundo cuando enseñamos. En la facultad, en cambio, construimos expedientes. Habría que propiciar modos de que nuestro alumnado participe en proyectos sociales y culturales, que tenga presencia en escenarios educativos diversos, que forme parte de proyectos diversos…

– Siguiendo con el mismo argumento, la lógica disciplinar, centrado en asignaturas, es la mejor garantía para generar profesorado desmotivado, anodino y domesticado. Eso sí, muy cumplidor, pero poco educador. Sería necesario hacer una apuesta por convertir el tiempo en la universidad en un escenario para experiencias diversas: discutir, pensar, reflexionar, investigar, construir. Planteo esto, insisto, como proyecto de formación inicial en su conjunto y no solo como una práctica en una asignatura. La formación se basa en tener experiencias significativas que te propicien la construcción de un pensamiento profesional relevante, construido y no reproducido, debatido y no memorizado, colaborativo y no individual, etc. Esto solo se puede llevar a cabo si el espacio de la formación se abre radicalmente, tanto en cuanto las paredes del aula, a los grupos establecidos, a las áreas predeterminadas, a las divisiones artificiosas, y pensar en escenarios más diversos, en la propia facultad, en centros educativos, en experiencias socio-culturales, etc. Creo que es necesario romper la cotidianidad actual y pensar la formación como un marco de posibilidades.

Soñar no es complicado, lo difícil es romper con las rutinas; pero el cambio radica en poner en marcha lo soñado.

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