Blog de Nacho Rivas

Por si le sirve a alguien

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Un pacto educativo a lo Marina

El pasado 18 de julio (día singular en este país de infausto recuerdo), José Antonio Marina ha hecho público su propuesta de pacto educativo con el peculiar título de “papeles para un pacto educativo“. Documento que firma junto con Carmen Pellicer y con Jesús Manso. La primera es una conocida teóloga y pedagoga, fundadora de Trilema, y colaboradora asidua de la FERE y la CERE. O sea, las organizaciones de la patronal de la enseñanza privada religiosa. Trilema se trata de una fundación privada con varios centros concertados en su haber y defensora a ultranza de la libertad de elección de centros. Al mismo tiempo esta asociación promueve iniciativas pedagógicas de corte empresarial y mercantil. Jesús Manso es un joven profesor universitario de la autónoma de Madrid, vinculado a actividades de la Universidad Nebrija, una de las instituciones privadas, junto con la Universidad de padres de Marina y la propia fundación Trilema, que aparecen como entidades colaboradoras del presente documento.fotopapeles_thumb_820

Si me extiendo un poco en la consideración de los autores e instituciones que los respaldan tiene que ver con la credibilidad que pueda tener una propuesta emanada de instituciones que en sí mismas están representando intereses particulares y privados; también comerciales, habría que completar. Da la sensación que Marina hace un tiempo cruzó la peligrosa línea que distingue la educación como derecho universal, público y colectivo, de una actividad social orientada desde intereses particulares; eso sí, bajo el paraguas del estado. Aún dando por supuesta su buena voluntad, no parece que una propuesta que emana desde un marco como este pueda estar ofreciendo respuestas fiables para un sistema educativo público, libre y equitativo. Los intereses privados, y más si están ligados con los comerciales, no pueden dar respuesta a las necesidades de los colectivos más amplios de la sociedad; justamente aquellos para los que el sistema educativo debe dedicar más tiempo y atención.

Quizás por esto mismo estos “papeles” tienes dos ausencias claras y manifiestas: el alumnado y las condiciones socio-económicas. Como desarrollaré en este comentario, los únicos intereses “públicos” que se ponen en juego son los de las familias y los del estado. Lo cual sitúa a los sujetos principales del sistema escolar, el alumnado, en objetos dependientes, minusvalorados y exentos de derechos. En este punto contradice de forma radical los principios educativos que rigen en las propuestas más relevantes en el mundo educativo a lo largo de su historia; desde la ILE, pasando por el movimiento de Escuela Nueva, la escuela moderna de Ferrer y Guardia, los movimientos de renovación pedagógica, el movimiento de cooperación educativa, Rosa Sensat y las añoradas Escolas d’estiu, por citar algunas de las más significativas: No puede haber un cambio educativo de relevancia que no coloque al alumnado en el centro de la propuesta, y atienda a su condición de persona, ciudadano y sujeto con derechos y deberes. En educación hace tiempo que sabemos que sólo se aprende lo que se vive, de tal forma que si tratamos a los niños y niñas como sujetos sin derechos, es le mejor modo de convertirlos en sujetos sin derechos. O sea, subordinados.frueher-fruehling-8f297ee1-b354-4c80-865e-2c91f3d691c4

Por otro lado, la propuesta de este singular trío olvida la condición socio-económica aparejada al desarrollo de los sistemas educativos. Lo cual es lo mismo que decir, a mi modo de ver, que obvia el derecho a la educación entendido como dar la posibilidad de que todos y todas tengan la mejor educación posible que les de la opción de acceder, en igualdad, a los recursos culturales y sociales. Una propuesta educativa que olvide esto aboca, irremediablemente, a la exclusión, a un porcentaje importante de la población. Cuando los criterios para la propuesta vienen de la mano del sistema mercantil, productivo y financiero, ya de por sí segregador, el cóctel está servido. La excelencia, entendida desde una propuesta productiva, es la mejor herramienta para la exclusión social. Incluir la iniciativa privada como parte del sistema público es un buen modo de hacerlo. Sistema educativo y justicia social deben ser elementos inseparables de cara a una construcción democrática y emancipadora de la sociedad. Todo lo demás cae en el campo de las tecnocracias educativas que no entienden de sujetos ni de contextos, sino de procedimientos.

Podemos compartir con este documento los acuerdos y desacuerdos sobre los que se articula. Al menos en una parte de los mismos, ya que las ausencias comentadas los sesgan de forma importante. En cualquier caso porque algunos de sus componentes no dejan de ser sino tópicos compartidos. Casi podríamos hablar de perogrulladas, pero no quiero ofender: fijar una inversión mínima (del 5%, por qué no del 7%, me pregunto yo), reducir el abandono escolar (por qué al 10 % y no en su totalidad), fomentar la flexibilidad curricular y organizativa, repensar el sentido del curriculum, el profesor (profesorado habría que decir) como elemento clave… No parece que sea un análisis en profundidad del sistema ni que corresponda a una evaluación sería y contrastada.

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Las propuestas que emanan de estos acuerdos, en líneas generales, no modifica necesariamente esta impresión. En primer lugar, se elaboran desde la lógica de entender lo público como una articulación entre lo estatal y la iniciativa social privada. Solo desde la “lógica Trilema” esto es algo admisible, y claramente supone una forma de arrimar el ascua a su sardina sin ningún criterio político, económico o educativo que lo justifique. Desdibujar los límites entre lo público y lo privado, sea este último en la modalidad que se quiera, es intentar anular el carácter colectivo y comunitario de la educación. ¿Cabe pensar que una iniciativa social de carácter religioso, va a garantizar una educación en valores plural, diversa y equitativa? Yo creo que ni con la mejor de las intenciones esto es posible.

En segundo lugar, si las propuestas emanan de tópicos sin definir, estas se mueven al arbitrio de quién las maneja. Lo más peligroso es que desde esta posición es fácil confundirlas con verdades establecidas, ya que están exentas del más mínimo debate. Por ejemplo, el 4º objetivo de la tercera propuesta plantea la evaluación del mérito como el camino hacia la equidad, cuando esta solo es posible pensarla desde las diferencias socio-económicas y las diferentes condiciones de acceso a la educación en sus diferentes niveles. Así planteado, como mérito, se legitiman las diferencias de clase en su paso por el sistema educativo, como ya se ha demostrado ampliamente desde diferentes investigaciones sociológicas y educativas. El mérito puede empezar a pensarse a partir del logro de la equidad, pero no se puede plantear como condición. Sin ánimo de hacer un repaso exhaustivo de todas las propuestas, valgan estos botones como muestra. Su idea sobre la religión o la libertad de enseñanza, por ejemplo, son buenas muestras del sesgo ideológico mercantil de la que adolece todo el documento.

Resulta llamativo, por ir dando las últimas pinceladas, el planteamiento relativo a la gestión de los centros educativos, demandando una autonomía, especialmente presupuestaria (la otra no se ve muy claramente donde queda). Esta viene supeditada a la evaluación de los resultados, que modificaría un porcentaje establecido de la financiación del centro. Desde mi punto de vista resulta paradójico que la gestión quede supeditada a un sistema de premios y castigos en un sistema que ya, de por sí, es desigual. No insisto en lo ya comentado acerca de las desigualdades socio-económicas en el sistema educativo. Si los resultados son malos, el presupuesto baja, haciendo más difícil la consecución de los objetivos de rendimiento para el siguiente curso: menos presupuesto, menos posibilidades. Este es un principio fácil de entender. De este modo, los centros van diferenciandose y la brecha entre los “excelentes” y los “mediocres” se va acrecentando, generando sistemas paralelos. ¿No sería preferible poner más esfuerzo y recursos allí donde el sistema no está funcionando, o donde más necesidad se manifiesta? Se trata de dar opciones para la mejora, no de castigar por el fracaso. En términos estrictamente educativos esto es algo que es claramente rechazado desde la psicología y la pedagogía.

En este mismo ámbito de la gestión, la democracia escolar queda excluida, con lo que la idea de comunidad que defiende en otros puntos del documento, queda claramente en entredicho. Sin democracia no hay educación. Eso es algo que el Sr. Marina debería saber. Por un lado demanda la profesionalización del director, eliminando su dimensión de liderazgo educativo. Un profesional es un técnico, un especialista, pero esto no le da la condición de líder; le da la condición de gestor. Podemos acordar que es necesario una figura de este tipo en los centros educativos, pero no podemos asimilarla a la función pedagógica. El cuerpo de directores, que en el franquismo actuó como auténtico cuerpo de comisarios políticos, no parece la mejor herramienta para el desarrollo democrático ni para la construcción colectiva de comunidad educativa. Máxime cuando le adjudica a este director/a profesional, la elaboración del proyecto educativo y le deja una “amplia capacidad de decisión” (sic).stadt-im-sommer-eb0050da-68da-4ea7-ab38-cc1766b7f037

Posiblemente el Sr. Marina (y la Sra. Pellicer y el Sr. Manso) y yo no tengamos el mismo concepto de democracia. Pero tampoco creo que compartamos el mismo concepto de educación. Estas no son bases para generar un pacto educativo estable, sino las condiciones para dejar la educación en manos de la moral neoliberal y neoconservadora imperante. No parece que esto pueda generar un pacto. Como mucho, una chapuza.

 

(Las imágenes que ilustran corresponden a Mannus Mann, Miembro World, KÖLN, DE – EU, Abstrakte Digital-Malerei)

Educación, trabajadores y personas… Conflicto?

Recientemente se ha publicado en Diario Sur una entrevista que me hicieron en la que el periodista seleccionó como titular, de todo lo que dije: “La educación no está para formar trabajadores sino personas”. Sinceramente, me pareció un acierto del entrevistador, después de hora y media de entrevista. Seguramente podría haber elegido algo más sensacionalista pero dio en la diana en uno de las cuestiones más controvertidas de los sistemas educativos actuales. Especialmente con la aprobación de la LOMCE ha saltado a primer plano una visión utilitarista e instrumental de la educación, presente sin duda desde el comienzo de los sistemas educativos modernos, pero pone en crisis un modelo educativo centrado en el sujeto, en su bienestar y en su felicidad, que creo que es la garantía para una conseguir una sociedad más justa, más solidaria y más libre. Y también, estoy convencido de ello, más productiva.

Si apostamos por una educación centrada en la persona le estamos dando las herramientas para poder ser más activo y participativo en la sociedad y, por tanto, tener más capacidad para funcionar en el mundo productivo. En cambio, si ponemos el énfasis en en lo productivo, puede ser que consigamos alumnado más preparado en sus aptitudes profesionales, pero seguramente también tendremos mejores esclavos. Esto es, sujetos más obedientes, más sumisos y más conformistas. Por otro lado, también estaremos generando más segregación, ya que está bastante documentado la relación entre clase social y éxito académico. Por tanto, un sistema educativo centrado en lo profesional acentúa mucho más la brecha entre colectivos en razón de clase, tanto como de otras variables.

Si damos un vistazo a lo que está sucediendo en el sistema educativo español, y en otros de nuestro ámbito, se hace bastante evidente esta división. Los sistemas educativos considerados de éxito, incluso teniendo en cuenta PISA, suelen poner un fuerte énfasis en una formación más integral y más humanista. El arte, la música, la actividad física, en suma, actividades de las consideradas no académicas, son ejes importantes de la formación. El problema no está en elegir entre una orientación profesional y una orientación humanista de la educación, sino entender que la primera no se puede dar, sino existe la segunda. Una educación centrada en la persona es la condición para que haya buenos y mejores profesionales. Y sobre todo con mejores valores.

http://www.diariosur.es/malaga-capital/201503/07/educacion-esta-para-formar-20150306201813.html

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Entrevista sobre la educación

Comparto la entrevista que un grupo de alumnas de Comunicación, que están construyendo un proyecto llamado NINI (ni nos dejan estudiar, ni nos dejan trabajar) me hicieron recientemente.

“La LOMCE es segregadora y tramposa”: Entrevista al Decano de ciencias de la educación de Málaga

Entrevista

El decano de Ciencias de la Educación, mi amigo Kiko Murillo, es una de esas “rara avis” que te encuentras de vez en cuando en puestos de gestión y con auténtico compromiso con el centro y con la educación. Después de años de despropósitos en la gestión de la facultad, y sufrir un retraso considerable en las innovaciones y propuestas de cambio en la facultad, la gestión de Kiko y su equipo está dando nuevas opciones a pesar de las coyunturas que estamos viviendo.

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En este caso habla del sistema educativo y de las amenazas que tiene en este momento. Sistema educativo que conoce en profundidad, como profesional, pero también como investigador e intelectual comprometido. Uno de sus esfuerzos, justamente, es intentar que la facultad camine más cerca de los centros educativos, y que exista una auténtica vinculación de la investigación con los cambios en la escuela. Esta entrevista creo que es una muestra de este compromiso.

Con este post muestro mi agradecimiento público a Kiko y su equipo por su esfuerzo y sus logros en esta difícil gestión.

Contra la LOMCE. Debate jurídico educativo

El jueves 17 celebramos en la facultad de ciencias de la educación de la universidad de Málaga una conferencia compartida entre Pedro Moreno Brenes, exconcejal del ayuntamiento de Málaga por IU y profesor de Derecho Administrativo, y yo mismo, acerca de la LOMCE. Pedro abordó el punto de vista jurídico de la Ley y yo el educativo.

23725_10151401018671894_1373653509_nHubo algunas personas a través de las redes que me comentaron su imposibilidad de ir y que les gustaría tener la grabación, así que en plan muy casero y sólo el audio, hice una grabación de las dos conferencias y el debate, las cuales pongo a continuación.

Algunas cuestiones quiero resaltar de lo que allí se habló. La primera es la incertidumbre que se cierne sobre la situación de la ley. Las urgencias iniciales han sido sustituidas por varias dilaciones (¿vacilaciones?) y un parón en forma de “Borrador del anteproyecto de Ley Orgánica…”, en su enésima versión, tal como sigue apareciendo en la web del ministerio.

La segunda, es el cúmulo de errores de diferente tipo que la jalonan. Por un lado, tal como Pedro comentó, errores de tipo jurídico, algunos de cierta gravedad. Por otro, errores de tipo formal como son cuestiones gramaticales, estilos confuso, reiteraciones, etc. Especialmente en la exposición de motivos. Los “horrores” educativos están también presentes a lo largo del texto, tal como se presenta en la conferencia.

La tercera cuestión que quiero destacar, es la incongruencia total entre el modelo educativo presente en el proyecto de Ley y lo que actualmente se está enseñando en los centros de formación del profesorado (Facultades de Educación y Escuelas de Magisterio). El estado actual del pensamiento educativo y psicológico que enseñamos en la universidad, contradice, en su mayor parte, el planteamiento del anteproyecto. Hay un desconocimiento absoluto de los avances en la teoría educativa, en la psicología cognitiva, en la psicología evolutiva, en la didáctica, en los modelos organizativos… Todo lo cual apunta a una ley concebida y elaborada única y exclusivamente desde una posición ideológica partidista, sustentada desde las preocupaciones de la enseñanza privada, la conferencia episcopal y los organismos internacionales de carácter económico y productivo.

Con estas premisas el futuro de la ley es presumiblemente incierto, pero el futuro de las generaciones que puedan formarse en ella es mucho más incierto aún y el fracaso anunciado de un país así formado no tiene duda. O cambia la ley o se nos abre un abismo educativo delante de nuestros pies. Decía Concepción Arenal en 1896 “Se mencionan y discuten diferentes crisis que tienen má o menos influencia en el bienestar del obrero: crisis financiera, crisis monetaria, crisis comercial, crisis industrial; pero no se habla de la crisis intelectual que existe y es factor poderoso de los problemas sociales” (La instrucción del obrero). Después de 117 años parece que seguimos en las mismas, y siguen siendo los mismos actores que lo provocan: los de las casullas, los del ordeno y mando, los de la letra con sangre entra, los del esfuerzo por el esfuerzo, los poderosos…

Intervención de Pedro Moreno Brenes

Intervención de Nacho Rivas

Debate

Levántate y quéjate, !educación! (Paco Imbernón)

Levántate y quéjate, ¡educación!

Paco Imbernón, amigo y compañero, ha redactado este escrito llamando a no dejarse avasallar por las políticas que en educación está implementando este gobierno, y en particular el ministro Wert, que parece disfrutar con la polémica, el conflicto y el cabreo del resto de la humanidad. Alguna vocación oculta (o no tanto) debe tener de pistolero pegando tiros a todo lo que se meneé en una perdida cantina del oeste. Si me miras mal, te lleno de plomo, pero si no me miras, también. El caso es acabar con todo lo que ha constituido el intento de cambio del sistema educativo desde la muerte del dictador. Con mejor o peor acierto, pero se han ido dan pasos para conseguir al menos, un sistema educativo más justo. Algo que parece no reza con la ideología de este señor.

El escrito de Paco Imbernón aporta datos, además de contundentes análisis, acompañados de criterios educativos, además de razones sociales, políticas y económicas. Por qué vamos abocados al fracaso y a la ruina educativa, queda reflejado en este documento. Sobran las razones, per falta lo razonable: el diálogo.

Wertazo a la educación

El anuncio de las nuevas medidas del ministerio que van a constituir la próxima (enésima) reforma educativa, en general no son nuevas. En otro post ya comenté algunas cuestiones relacionadas, por lo que remito al mismo al que quiera conocer más mi opinión (Otra Reforma de la Educación!!!!! http://wp.me/p18IaD-1E). Sin embargo, nos encontramos con algunas novedades dignas de destacar que atacan directamente al corazón del modelo comprensivo de enseñanza. Me refiero a la evaluación selectiva en varios momentos del sistema educativo. La más grave, sin duda, coincidiendo con otros comentarios que se están haciendo, es la que tiene lugar al finalizar la primaria, como requisito para acceder a la Educación Secundaria. Como algún colega apuntaba, representa una  vuelta a la prueba de ingreso que se hacía en la etapa más rancia del franquismo, para pasar de la primaria al Bachillerato elemental, más o menos a la misma edad.

Hay dos cuestiones relevantes que me gustaría añadir, a lo ya dicho:

  • Supone reforzar un modelo educativo selectivo, meritocrático y evaluativo. De hecho, creo que no es erróneo afirmar que supone el acta de defunción de la escuela comprensiva, que, aún con todos los defectos de la aplicación que de ella se estaba haciendo (que son muchos), supone el mejor intento hasta ahora de instaurar un sistema educativo democrático e inclusivo.
  • La supresión de asignaturas y el refuerzo a las asignaturas PISA, como se les está llamando (lengua, matemáticas, ciencias…) supone optar por un sistema de instrucción y no por un sistema educativo. Se refuerza exclusivamente el valor instructivo de la escuela a costa del valor formativo en sentido global. Se olvida que educación es algo más que conocer, y que implica también lo emocional, la expresión de todo tipo, los sentimientos, la pasión, la participación, los valores, etc.

La situación es grave y nos retrotrae a etapas pasadas, sin que haya ningún tipo de evaluación que acredite esta reforma ni ninguna investigación, estudio o análisis que con evidencias pueda sostener que este sistema al que vamos, es mejor. Más bien lo que tenemos son evidencias contrarias, como es el caso del sistema educativo finlandés (si mantenemos el criterio PISA) o todas las experiencias evaluadas y contrastadas de enseñanza comprensiva y democrática a lo largo del mundo, como se puede comprobar en informes tan poco tendenciosos como los de la UNESCO. Con lo cual no me equivoco si afirmo, una vez más, que esta es una reforma ideológica, que opta por la segregación, la excelencia de unos pocos, la exclusión de los más necesitados, etc. El mejor sistema educativo es aquel que está hecho a la medida de los que más lo necesitan, ya que los otros van a triunfar en cualquier caso. La medida de la calidad es la del último integrante del sistema educativo; o en su caso, de los excluidos del sistema. Obviamente en esta reforma la mirada es la opuesta y la pagarán los de siempre.

Lo que me preocupa de todo esto, además de lo dicho, y lo dejo como reflexión para seguir hablando en el futuro, es qué hemos hecho los que pensamos en una educación democrática, inclusiva, comprensiva y libre, para que no hayamos conseguido consolidar un sistema más justo en el que todo el mundo se hubiera visto reflejado? Si ahora se pueden permitir arremeter con esta barbarie, es justamente porque desde las políticas educativas progresistas, y desde los pensamientos educativos críticos, no se ha sido capaz de generar un sistema consolidado y aceptable. Y ante la duda, la autoridad da más seguridad. Por tanto, creo que debemos preguntarnos cual es nuestra cuota de responsabilidad para que pueda ser posible que esto esté ocurriendo en este momento. Desde el proceso de reforma de mediados de los 80 (el único realmente serio que se ha hecho en este país) todo lo que ha venido a continuación, incluida la LOGSE, no han sido sino sucesivas acotaciones y recortes a un modelo de educación realmente comprensivo, democrático e inclusivo. Cada cual se mire en el espejo que le corresponda.

Educación y Guerra financiera

Diariamente vivimos diferentes análisis sobre la crisis y las consecuencias sobre el sistema educativo y la destrucción del Estado de Bienestar. De alguna forma esto se nos presenta como inevitable, fruto de una “crisis” financiera (que no productiva; esta es más bien la consecuencia) que obliga a realizar recortes en el sistema público para bajar la deuda del Estado. El mensaje es claro: un sistema público y gratuito es insostenible en el estado actual de la economía. Por tanto estamos entrando en una nueva etapa del capitalismo en que la sociedad entera se liberaliza a favor del mercado, como única forma de sostenerse y evitar la caída total de la civilización de la que disfrutamos. Tal como yo lo veo, sin ser experto en economía, este es el mensaje y el fondo de la cuestión. Lo cual, sin duda, es sumamente grave.
El problema está en que esta es una posición ideológica que, ni es nueva, ni es inevitable. El origen del liberalismo económico y del capitalismo ya estaba diseñado con esta finalidad y sus 250 años de historia reciente, han significado un rodeo, necesario (para ellos) para llegar a este fin. Los primeros tiempos del capitalismo moderno están marcados por fuertes conflictos sociales y por fuerzas antagónicas peleando por un lugar en este conflicto. Patronos y trabajadores, o desde el ámbito ideológico, el liberalismo – burgués, y el socialismo (en sus diferentes versiones), en una lucha de posición para establecer acuerdos sobre los que sustentar el nuevo sistema económico y social. El estado moderno sirvió de parapeto para sostener estos conflictos y establecer marcos más o menos consensuados sobre los que sostener la situación. Soy consciente de la reducción que estoy haciendo de un análisis sin duda mucho más complejo y con muchas aristas.
En este escenario surgen dos grandes focos que capitalizan, por decirlo así, las dos caras visibles de la cuestión. Por un lado, la vieja Europa, con un proceso histórico complejo y convulso. Por otro, los Estados Unidos de América, fundado sobre las bases del propio liberalismo y como un estado nuevo en todos los sentidos. De hecho, eliminan la sociedad existente en el territorio ocupado para construir una nueva sociedad sobre estos principios. Las diferencias entre un lado y otro del charco son evidentes. Los distintos avatares históricos y bélicos que han atravesado estas historias han marcado su evolución.
Haciendo un gran salto histórico, los 90 supusieron la caída del “enemigo común” y, por tanto, el advenimiento de un nuevo escenario que había que manejar. Por un lado un bloque Europeo creciente, cada vez más poderoso con su modelo de capitalismo propio, de alguna forma limitado por las raíces racionalistas, que algo controlaban, al menos en el terreno moral. Por el otro lado el capitalismo más liberal y radical que se desarrolla en U.S.A. aupado al status de hegemónico por su papel en la victoria aliada en la II Guerra y su participación en los sucesivos conflictos bélicos que se han desarrollado a partir de ahí. Haciendo de nuevo una fuerte reducción del análisis, Europa no se conforma con ese rol secundario y, de alguna manera, subsidiario y se lanza a la conquista de la hegemonía. El Euro es la punta de lanza de esta pretensión. El resultado es una confrontación financiera entre los dos imperios: el dominante y el emergente. Lo cual nos lleva a la situación actual. Bajo mi punto de vista esta crisis, más allá de otras consideraciones, es el resultado de esta lucha de imperios, en el que uno de ellos, el dominante, ha iniciado las hostilidades en toda regla: Todas las agencias que están minusvalorando la economía europea son norteamericanas, amparadas en una acumulación del poder financiero en Alemania, como forma de asegurar la desunión en el sistema euro.
Por otro lado, esta lucha está agudizada por un matiz que quizás no están dispuestos a admitir la mayoría de los gestores actuales de la crisis: Está poniendo de manifiesto el fracaso del capitalismo y, por ende, del liberalismo, como modelo universal para la salvación colectiva de la especie humana. Antes bien, se comprueba que sólo es una opción para una parte mínima de la población, que necesita de la indigencia y de la situación de necesidad de la inmensa mayoría para poder subsistir. Por tanto, lo que se ha dado en llamar hipócritamente la “refundación del capitalismo”, no es más que la manifestación de su fracaso como proyecto común. Dejar actuar libremente al mercado no conduce a equilibrar las diferencias, como proclaman las leyes del liberalismo; como se puede ver sólo contribuyen a crear más separación entre ricos y pobres; más distancia entre clases sociales. El problema es que los sirvientes de este sistema, o dicho de otro modo, sus ejecutores, los políticos, no están dispuestos a romper la baraja a favor de un fin colectivo común. El problema aquí no es que nos salvemos todos, sino que se salven unos pocos.
Es en este contexto en el que el llamado estado de bienestar (si es que como tal existió alguna vez en sentido global) deja de tener sentido. La idea de derechos universales, como la educación, la sanidad, la vivienda, el trabajo, etc. no forman parte del proyecto de salvación de estos pocos; más bien representa un obstáculo. Mantener sistemas públicos en estos campos supone aceptar la posibilidad de una actuación colectiva de crecimiento y salvaguarda de la población. Algo que el mercado no puede asumir. Un sistema educativo que garantice un mínimo acceso a la cultura y al conocimiento de acuerdo a un proyecto de sociedad y ciudadanía, representa, de hecho, desde el punto de vista político, una opción contrahegemónica, entendiendo como hegemónico el paradigma del individualismo que representa el imperio capitalista. Lo mismo podemos decir de la sanidad o del trabajo.
Los sistemas educativos modernos surgen como una necesidad de formación para consolidar el capitalismo emergente, en el siglo XIX. En la sociedad compleja europea de los últimos 200 años, las fuerzas sociales han aceptado el reto de la educación formal como un espacio a conquistar para conseguir el progreso personal y social, así como la consolidación de sociedades democráticas. Los sistemas educativos son, en buena parte, una conquista social del movimiento democrático progresista (sin entrar en polémicas de lo que este término pueda significar en este momento, pero entiendo que puede englobar un número amplio de movimientos sociales). Sin duda se ha construido sobre las bases de un modelo racionalista y tecnocrático, pero no por ello debe ser condenado. Más bien hay que luchar por transformarlo, tal como educadores de todo el mundo llevan haciendo hace mucho tiempo, desde posiciones epistemológicas, políticas, culturales y sociales diferentes. El modelo racionalista regula la escuela para anular sus efectos emancipadores; las fuerzas sociales debemos luchar por desregularla para garantizar su reconstrucción en libertad.
En esta lucha estoy comprometido. Creo que necesitamos seguir peleando por la escuela y por el sistema educativo, pero no para sostenerla con el modelo actual sino para reconstruirla como parte de la construcción colectiva, democrática y libre que debería constituir esta sociedad. ¿Cómo? Como un proceso deliberativo, libre y abierto esté dispuesto a crear. En otros momentos iré aportando algunos elementos para el debate de esta propuesta.
He querido establecer la relación entre el sistema educativo y la crisis actual, como parte de la lucha social, política y de clase, que estamos viviendo. Es algo más (o mucho más) que unos recortes. La política actual aboca el sistema educativo a un sistema eliminado, mucho más segregador y clasificador; y al mismo tiempo legitimador de las mismas diferencias que origina. Contra esto tenemos que combatir. Por una escuela pública y comunitaria, que no es lo mismo que una escuela estatal y gubernamental.

Ministro, dimite… por traidor

Una demostración como la de hoy, con una gran mayoría de alumnado, profesorado y familias, creando una marea verde a favor de la educación pública es una prueba de que el ministro está solo en su intento de defenestrar la escuela pública. Bueno, salvo sus colegas peperos, aunque no creo que sean todos ni mucho menos. Wert debe dimitir. Creo que esa es la lectura necesaria y la premisa básica para empezar a recuperar algo de lo que está destruyendo. Y debe dimitir, en primer lugar, por traidor, ya que cuando un ministro olvido a quién sirve, traiciona a toda la ciudadanía:
– Ha traicionado a los docentes acusándoles de malos profesionales, vagos y casi que maleantes, olvidando que mejor o peor, pero estos mismos docentes son los que pasan al menos 5 horas diarias con nuestros hijos e hijas, los que pasan las tardes preparando las tareas o formándose en cursos, y los que han hecho posible que nuestra escuela pública haya sido un ejemplo de equidad, hasta ahora.
– Ha traicionado a las familias, también a las que le votaron (bueno, a él no le votó nadie, gracias a esta desafortunada parodia de democracia que vivimos). Familias, en especial las más débiles económicamente, que ven en la escuela la esperanza de futuro para sus hijos. Los otros, ya lo tienen garantizado.
– Ha traicionado a la sociedad, mintiendo acerca de los supuestos recortes que está haciendo, que no dejan de ser sino la manifestación de una ideología segregadora, clasista y elitista: la propia del colectivo que le defiende.
– Ha traicionado inventando informes que garantizan que con más ratio la calidad es mayor, que más horas de trabajo el profesorado rinde más, que con menos presupuesto el sistema gana. Ni un niño sería capaz de creer semejante falacia que insulta el sentido común, cuanto menos.
– Ha traicionado al alumnado más necesitado, aquel que nunca podrá acudir a los centros de excelencia por los que aboga, porque lo que sí dicen todos los informes es que sí existe una relación entre éxito académico y nivel socio-económico.
– Ha traicionado a los investigadores de este país obligados a buscarse la vida o en el extranjero o… trabajando en El Corte Inglés.
– Ha traicionado a la universidad pública, en la que no cree, generando las condiciones ideales para hundirla y permitir que la universidad privada la sustituya, tal como están insinuando, más o menos abiertamente.
– Ha traicionado a los jóvenes graduados, que han visto truncada su carrera docente
Podemos seguir añadiendo, pero por último, se ha traicionado a sí mismo creyéndose ministro y no siendo más una mala reencarnación de Atila, dispuesto a que no crezca la hierba (verde, por cierto) después de él.
Pero puede ser que la marea verde le pase por encima. O al menos, lo vamos a intentar.

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